jueves, 19 de octubre de 2017

El posmoderno Camino de Rufín

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En la pléyade de lecturas que voy haciendo sobre el Camino de Santiago, se cruzó entre mis lecturas y un poco a modo de casualidad, hablando con mi compañero biker Fuentes Cernuda, que había acabado de leer el «El Camino Inmortal» del escritor, diplomático y médico  francés: Jean-Christophe Rufin (Bourges, 1952)

A los dos días, ya Fuentes Cernuda me hizo llegar el libro, para abastecer mis conocimientos, y una posible reseña para el blog.

La verdad es que no había leído antes nada de este prestigioso autor, de reconocidos méritos literarios, políticos y de voluntariado, de los cuales era un perfecto desconocedor.

Razón de más para enfrascarme en la lectura de su Camino Inmortal, cuyo título digamos que no era para mí como muy atrayente, aun así me zampé el libro en menos de tres días, aunque debo reconocer que hubo párrafos, que, como los peregrinos tramposos, me los salté.

Rufin en su libro hace un truco malabar de novelista a lo terrible enfant, o sea entrar de lleno en una serie de asertos y opiniones muy provocativas, que hace revolverse a cualquier lector, haya o no haya sido peregrino o caminero de las trazas jacobitas.

Pero tras este primer susto, las aguas van volviendo a su manso redil que fluye mirándose el autor bastante los pies, como así mismo, lo cual no deja de ser perfectamente compatible y pensable dentro de su brillante currículo social y político.

Tal vez la crítica al libro sea algo más prosaica, y esta provenga de la explicación que el mismo autor nos aporta « Unos amigos del premio Goncourt 2001, que ganó por Rojo Brasil, crearon una pequeña editorial y él accedió a echar mano de sus recuerdos para ayudarles..» y de esa proposición salieron estas curiosas reflexiones posmodernas, y muy a la europea y que tanto me recuerda a otro autor pagado de sí mismo como como es Hape Kerkeling con su libro «Bueno me largo».

Tras las primeras provocaciones proponiendo un camino extraño a algunos ojos y más cercano a ojos más críticos. Rufín no nos habla del Camino, sino más de sus peregrinas reflexiones que son otra cosa, dado que en su órbita literaria y peregrina, los otros peregrinos o caminantes o no existen o se tornan en sombras desdibujadas, salvo la figura de la moldava Marika, que en el relato cobra fuerza y vigor y se ofrece como un punto focal de atracción para Rufin.

Lo demás es pura tramoya, y escenografía para sus reflexiones de un posmoderno mohicano parisino en la rural piel de todo que cruza los distintos Caminos Jacobeos, como es España.

Para el autor de los 800 kilómetros andados, con exquisita aquiescencia de diplomático, se queja de olores, como si no hubiera estado en tierras extrañas de fuertes y contrastados olores como Senegal o Etiopía o Gambia, o tal estuvo, pero como aquellos románticos viajeros de las épocas victorianas, con pañuelo de encaje lleno de perfume emboscado en la empolvada nariz.

Sino no se entiende muy bien sus reseñas críticas a los olores de los albergues y a los olores de las botas. Cuando es una cosa curiosa, eso que fue todo un detonante durante el tiempo de milicia en los años 70 allá en tierras levantinas, no es algo que yo haya tenido en cuenta en los diversos caminos, caminerías y albergues en los que he pernoctado. Tal vez porque uno no tiene el olfato tan fino, o porque al estar el calzado fuera de las habitaciones, hace que ese caldeo oloroso no esté presente, amén de que el calzado y sus aditamentos, bien es cierto que poco tiene que ver con los de otros tiempos.

En fin, nuestro prolífico autor nos aporta reflexión tras reflexión, pero si uno se acerca al libro esperando una especie de guía trashumante novelada, tan al uso, pues decir que no, que se hace sus 800 kilómetros en cuatro saltos: País Vasco, Cantabria, a la cual pone de chupa dómine, a este sí que el presidente de Cantabria. Sr. tiene que invitarle a conocer Cantabria, dados los daguerrotipos literarios que hace de la región

En esas raras pinceladas fotográficas salen Asturias, y como no Oviedo, Valdediós, Grao, Salas y Grandas..., y luego ya de un plumazo esboza las tierras fronterizas de Fonsagrada para pasar a Lugo, de ahí a Lavacolla y del Monte do Gozo a Santiago.

Pero no solo hace grandes saltos, sino que confunde cosas y ubicaciones, como Colombras, que sitúa antes de San Vicente de la Barquera, cuando se está refiriendo a Colombres, que no es Cantabria sino perteneciente a la región asturiana, y por tanto hay toda una etapa que los separa.

El resto es como si no hubiera existido, aunque s muy posible que para un personaje tan cosmopolita como él, Llanes, o Ribadesella o Villaviciosa, no tengan entidad particular alguna, y tengan que ser soslayadas…

Algunas singulares ubicaciones cobran sentido, no per se, sino porque se da en ellas algo que suscita la mente del autor, como el bar en el que se reencuentra de nuevo con la moldava Marika, que no es otro que el de la Venta del Acebo.

O suscitarnos la imagen un tanto posmoderna de la España de luto y moño, que para él representa Herminia, cuando le habla de la variante de Los Hospitales, que no parece significar nada, ni por altitud, ni por cambio de clima y ambiente, y si tenemos en cuenta que le endosa a la propia Herminia, el haber escrito los carteles de que identifican los antiguos hospitales de Fonfaraon y demás, pues como dice el otro: apaga y vámonos.

Está claro que el Camino o los Caminos jacobitas, no han pasado por Rufín, sino este como de puntillas por esos 800 kilómetros, sobre los cuales entendería una mirada crítica y severa como lo hace en las primeras hojas del libro, pero esa apuesta es difícil de mantener de forma coherente, y precisa de libro de notas, de lo cual queda claro que el autor pasa.

Eso si me han gustado varias cosas del libro sus primeras provocaciones, un tanto extremistas, el tema del Camino, como una visión búdica, lo cual nos viene bien a aquellos que estamos en danza en los caminos jacobeos, y luego me ha gustado la metáfora del «peso es el miedo» que bien refleja el contenido de nuestras mochilas que cargamos con nuestros miedos…, al frio, al calor, a olor, a incomunicarnos… etc, y así nos vamos cargando de cosas para ayudar a afrontar esos miedos a los cuales hace frente las oficinas de Correos con el embarque y refacturación  de lo cual como buenos budistas vamos sabiendo renunciar.
.5921447-jean-christophe-rufin-l-academicien-randonneurEn fin, un libro para entretener unas horas de manos de este notorio personaje francés Jean-Christophe Rufin

Víctor Guerra

viernes, 6 de octubre de 2017

CAMINO PRIMITIVO. 12 y 13ª Etapa Rivadiso- Monte do Gozo y final del camino de Compostela. 38+ 7 km y unos 740 mts de desnivel.

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Ya estoy llegando al final del Camino, y es como si me entrara el miedo escénico, digamos que no me subyuga nada llegar a la Catedral, enlosada por las obras y blindada por los temas de seguridad, colas, cacheos, etc. Casi que me doy la vuelta, y eso no me asusta eso ya lo hice alguna que otra vez, llegar al Monte do Gozo, disfrutar de los momentos en soledad y dar la vuelta al camino, en dirección a casa. Es una sensación única.

En esta ocasión seré algo más conformista, además quedé con Maki a media mañana en la Plaza de Obradoiro, él ha llegado en la noche que yo llegué al Monte do Gozo.

Salgo de Ribadiso en medio de las nieblas y la soledad, pues ya el personal ha madrugado de madre y me he quedado de los últimos saboreando la infusión de turno, aunque sé que Arzua está delante, y puedo saciarme a desayunar bien, pero prefiero tirar pues tengo la duda de si quedarme en Pedrouzo.

Arzúa se me hace interesante por la multiplicidad de perfiles peregrinos, los llamados turigrinos, los extranjeros jóvenes y maduros, las maduras extranjeras algunas de ellas de inmensos culos y muslos que no sé cómo pueden andar, las coreanas que no les entra ni un rayito de sol, son como los vampiros, en fin toda una fauna a la que unen los deportistas, jóvenes y viejos, y las jovencitas extranjeras que andan solas por estos Caminos.

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En fin, una real caterva para entretener toda una vida estudiando y observando a esta colosal fauna que se tira a los caminos, hace décadas se hacía por las hambrunas, hoy porque las soldadas son menguadas, y pasar 14 días por el Camino es barato, y lo pasas bien, aunque algunos días darías la vuelta.

La llegada a Santiago ya se hace más urbanita, y apenas si te fijas en detalles, salvo los mensajes que me va dejando Maki por los mojones, haciéndome saber de su existencia. Alguno de esos conservadores peregrinos se habrá acordado de esos mensajes en lo alto de los mojones. Pero para mí es bastante, sé que mi hermano Maki, se acuerda de mi persona.

De Pregontoño a Peroxa y de ahí a A Calzada que se atraviesa por un lateral del Monte do Roto camino de Lengüelle, y así voy empalmando aldeas y caminos ya conocidos de otros caminos, como el francés, el de las Reliquias, el Sanabrés, etc…ya con unos cuantos, y cuando quiero darme cuenta es medio día y llego a Pedrouzo, donde conozco un buen albergue a la salida del pueblo, pero al pasar por delante de una pizzería me tienta darme un homenajes y comer bien, y dada la hora, pues seguir camino a Monte do Gozo, pues tengo capricho de dormir en tal ubicación.
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Doy cuenta de la comida, con un cierre de un doble de té y un copazo de aguardiente de hierbas, y desentumezco los huesos, que se resisten a salir de nuevo a las troteras y danzaderas del Camino.

El día que se abrió con nieblas y queriendo como llover, me brinda a las 3 de la tarde un sol de justicia, que como no llevo nada más que una taza de aluminio, pues no hay manera de satisfacer la sed. Hay una sequía de mil demonios, y no hay manera de echar la taza en cualquier baldío.

Solo al dar la vuelta al Real Areo Club de Santiago, me encuentro con unas surgencias de aguas ferruginosas, un poco antes de San Paio, donde calmo la sed aunque las aguas no presentan mucha confianza, y menos al ver cómo me mira el resto de los peregrinos que pasan por la zona. Me quito las sandalias Keen que ya presentas importantes deterioros, cómodas son, pero, un trato de tanto caminar no las hace resistentes al menos en lo referido a las costuras.

Sacio la sed y le doy un refresco a mis pies y cambio un poncho por otro, que había en la zona y sigo mi camino, hacia Lavacolla, para tomarme una cerveza, aunque lo que me pide el cuerpo es agua y más agua. Que diferencia en el 2015 pasé por estos mismos lares y era todo un diluvio universal que pasaba por encima de mis sandalias, hoy estamos de sequía y de sol de justicia.

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Me paro en Lavacolla, en medio de los turigrinos, y pido una botella de agua mineral con gas y un chupito de anís, que le echo al gua, para que este me sepa a algo, pues de agua como ya digo tengo el estómago repleto.

La solanera debió afectarme a la cabeza, pues en vez de salir por el Camino, me fui por la carretera adelante, cuando me doy cuenta, digamos que paso de dar la vuelta, aunque el sol por el arcén me está matando, voy a cruzar la N-634 A , para pedir agua, cuando una buena moza desde la ventana me invita a saciar sed y los demonios de la carne, viendo a donde iba, me corté, le días la gracias a la interesada damisela, y seguir camino adelante, para tomarte otro agua en la cantina de Camping de la parroquia de Bando, los paisanos pasan de mí y yo de ellos, digamos que el personal no está para chanzas, y a todos nos pesa en calor.

Un par de revuelta y doy cumplidos los 38 km, y ya estoy en el Monte de Gozo un poco tarde, pero he llegado, cuando andaba buscando el Albergue Municipal, pues ya el presupuesto escasea, me sale una pareja de extranjeros, que me había cruzado con ellos un par de veces, y me dicen que no , que vaya hacia otro albergue que ahí más allá y que ellos están en él.

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Allí me dirijo, cuando una impresionante iglesia me abre el paso franco a las instalaciones que dad su envergadura, se las dan dejado, o alquilado a una organización, en este caso de católicos polacos.

Me recibe una hospitalera grande y metida como yo en años, y me recibe como un guardaespaldas, ya que debe verme desfallecer, `pues tengo un intenso dolor en la pierna derecha, una bursistis lateral que me me hace sufrir . Esta al verme me sienta de un plumazo en una cómoda silla, me quita las sandalias que me lava y me refresca los pies. Estoy en la gloria bendita, aunque un tanto escamado.

Al final me sella la credencial que es la institucional de Asturias, y que nunca había visto, la fotografía, y me da un vale por medio menú para la cena, y todo eso por la voluntad. Me dice que ellos reciben grandes grupos que va para Fátima y Lourdes y les da de comer o cenar, y que eso les permite ser generosos.

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La buena hospitalera, coge mi mochila como quien coge un bolso y nos vamos a unas coquetas casitas de campo esparcidas por la zona, me dice que tiene un rincón tranquilo, que hay nada más que seis u ocho peregrinos franceses, y que no me molestaran, y menos al meterme en un espacio como dedicado a los hospitaleros. Genial, hoy me ha tocado la lotería.

Mi ángel guardaespaldas, me instala y me da las consabidas órdenes para que me presente a la consabida cena, del medio menú, lo que realizo una vez hago el resto de las abluciones por mi cuenta, la buena señora hospitalera, me dice que hay en un armario todo tipo de gel, cremas de baño y hasta de toallas que otros han dejado.

Una vez limpio como un jaspe, me presento a la cena que comparto con unos 70 comensales que van de regreso a Portugal y vienen de Lourdes. Deglutimos unos y otros como bien podemos, pues a mí las ansias no son fuertes después de comer al medio día, y tras ello , lo que me apetecía era tomarme un copazo, pero esta de peregrino de voluntad y gastarse una pasta en un reconstituyente, como que no pega, aunque estoy seguro que mi ángel guardaespaldas me lee el pensamiento, pues se acerca con una botella de no sé qué mejunje, que creí que era aguardiente, pero no es un bebida polaca, que rasca hasta el fondo de los tobillos, y allí me sirve la buena señora una buena cantidad como si no hubiera mañana, los franceses ante tanta generosidad huyen despavoridos, pues ya deben saber de qué va la vaina. Michele que así se llama, mi alma mater, me dice que los franchutes son unos flojos, con un anís con agua.

Otro vaso, y a la piltra, aunque la verdad es que no sé ni como llegué a la casita dadas las que había en la zona, y como en aquellas oscuridad pude llegar a la amplia cama de hospitalero/a. Toda una delicia de dormida.

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Pronto amanece, y doy un salto resacoso, aunque me levanto tranquilo y ayudo a la hospitalaria, la polaca madura alta y grande como un armario de la recepción y la tertulia noctámbula, y entre los dos, mano a mano organizamos el follón de botes, que los peregrinos van dejando en su última estancia, cremas de todos los tamaños y fórmulas magistrales, ungüentos de dar y tomar, unos en francés en castellano, en polaco, en inglés. Allí como podemos, organizamos el trastero medicamentoso, y luego nos vamos en amorosa compañía a desayunar, eso sí con un café negro fuerte como un demonio, que casi me hizo vomitar.

Lo que no fue el caso, seguimos en fraternal convivencia ella hablando en polaco y yo en castellano, o sea conversación de mudos, pero nos bastaba sentirnos el uno al otro, aunque ella echaba de menos a su familia, a su marido, pues ya eran tres meses en ese especie de convento, y ya la cosa iba pesando.

Las horas pasan y hay que despedirse, algo que me resulta difícil, tan es así que me cruzo con peregrinos en mis andanzas camineras, y no les solicito ni el nombre, he estado estos días en Potes con una pareja de Alicante-Elche y nos cruzamos ni los teléfonos. Se que iban hacer el Camino Vadiniense, y les estaba convenciendo para irse al de Sahagún que es más entretenido y sin tanto asfalto.  ¡Al final, no sé, lo que hicieron…

Yo me despedí de mi hospitalera polaca, que me levantó medio metro del suelo, y me estampó un abrazo de esos de carretero.

Me fui sin volver la vista atrás, con el cariño y el sentimiento ese que te embarga cuando andas kilómetros y kilómetros de solanas.

Poco voy entrando en la ciudad, que es lo que más me gusta, penetrar en la urbe santiaguera, calmo sin prisas, el Santo no se va a ir…, por tanto entro en la famosa churrería de la zona y me despacho un chocolate con churros en Metate, las mozas un poco desabridas, no entiende las ironías astures y menos tan de mañana, sigo a lo mío, y me dirijo a una frutería para tomarte unas uvas, pues necesito fruta que como con fruición

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Unas peregrinas extranjeras, me piden si pueden hacerse una foto conmigo, pues les hace gracia mi indumentaria y el sombrero vaqueiro, nos despedimos pronto y rápido, pues tengo que ver a Maki, y organizar la recogida, pues el amigo Juan Moreno, que estaba por Galicia de tournée profesional no recogerá sobre las 14 horas para devolvernos a Tremañes.

Maki, dice de quedarse, o seguir hacia Finisterre, pero por esta vez claudico aquí y ahora, y tras hacer cola para la Compostelana, que me da la dan doble, con kilómetros y certificando mi paso por Santiago.

Tras ello, le digo que, dados los protocolos de seguridad, que el Santo se dé por saludado y abrazado, y tras las fotos de rigor en la plaza de Obradoiro, en la cual solo nos encontramos con una pareja de andaluces con los que coincidimos del resto ni se sabe, y por supuesto eso sí encontré a Maki, que ya había sellado lo que le quedaba de su credencial a base San Miguel. Un abrazo pues estábamos sanos y salvos, aunque el adelantarse y coger una pensión le supo a poco, pues se quedó en ella torrado y no pudo darse los garbeos nocturnos, pues también se había metido una buena paliza.

O sea que volvemos a la tierruca, confortablemente y pensando en un próximo viaje por el Camino Portugués. Ver veremos.¡¡

Y así concluye un camino de uña de caballo que hizo un rey-emperador astur parra ver lo que se cocía en Santiago, y al que obligaron los taimados noble gallegos a firmar el protocolo de las tres millas, yéndose el visigodo con el rabo entre las piernas, no pudiendo hacer más grande el tesoro ovetense, para su aval político y religioso, y de esas trazas y maneras la vulgata historicista denominó a este camino el Primitivo, cuando el rey estaba cansado de hacer correría por estos predios hacia Compostela y Braga, que eran parte de sus reinos y señoríos.

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En fin, así fue y así lo conté yo en octubre del 2017 a la vuelta de un largo Camino por el Camín de Covadonga, (Gijón-Covadonga) enlazando caminos viejos como la calzada de Jana (C. Onís-Panes) y las rutas lebaniegas a Cades y el Real Camino de la Montaña que me llevó a Santo Toribio de Liébana, unos 160 km.

Victor Guerra






























jueves, 28 de septiembre de 2017

CAMINO PRIMITIVO. 11ª Etapa Ponte Ferreira-Ribadiso. Ya de «solanas» por el Camino….

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Estaba claro que la tensión y fatiga de las etapas pasan factura, y como cada uno es como es, lo mejor es poner tierra de por medio afrontando las etapas en una cierta soledad que el caso del Camino Primitivo no es difícil de conseguir, y máxime si tenemos en cuenta que atrás habían quedado algunos compañeros de la peregrinatio, aunque vimos salir en taxi algunos de los famosos ex mineros a la altura de Castro Romano, carcomidos por las fatigas, las prisas y los tiempos que marca la cotidianidad de cada uno.

La etapa no parece presentar muchos problemas, más allá de que será afrontar una tanda de 34 kilómetros con un total de 700 metros de desnivel acumulado, aunque en un principio la idea era como repartir estos últimos tramos más o menos desiguales, pero al quedar tan cerca Melide de mi punto de partida, el plan pasó a ser que Melide, sería el punto de la comida, no es que me hiciera mucha ilusión comer solo, pero Melide es todo un punto de referencia.

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No sé si lo ya lo he dicho pero el cambio de dirección de la famosa «vieira» en Asturias mira a un lado, y en Galicia hacia otro, tal vez venga a decirnos también como cada Comunidad entiende el Camino, para Asturias, tiene sentido porque no deja de ser la cuna de las peregrinaciones, y para Compostela, es de ese modo su nueva «vía láctea».

Por otro lado, cuando uno camina u observar a los otros caminantes en sus conservaciones, se dejar notar una paradójica la mitificación del Camino, del peregrinar, de las marcas, y con poner en boca los famosos cronicones de la época dígase el Códice Calixtinus u otros, pues ya está todo solucionado, pero ello deja al descubierto que, pese al trabajo de los estudiosos y los historiadores, su mensaje, su trabajo no llega a la peregrinatio.

Sigo en mi tranquilo caminar por la parroquia de Ferrerira, insertada en la Comarca del Ulloa, para entrar en la mítica Palas de Rey, donde tomo un reconfortante desayuno a manera de hacer tiempo y llegar a Melide a buena hora, para momentos después de un tramo dejar las tierras lucenses, lo cual sucede en el núcleo de Merlán con otro mítico jalón de la llamada Vereda de los San Salvadores, pues ese título ostenta su románica iglesia a cuyo pie los parroquianos ha dejado un santo y seña a su párroco D. Pedro Taboada Garer.

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As Seixas, se encuentra cerrado y no tengo manera de sellar mi credencial, no me como mucho más la cabeza con este tema y sigo camino adelante el cual esta jalonado por los largos y densos pinares gallegos, a cuya vecindad se adosan pequeños núcleos Vilamor de Arriba y su correspondiente de Abaxo, o Irago por cuyos tránsitos nos cruzan diferentes riegas como Lagares, o el río Mera, y me viene al recuerdo la gran fuente con su Santiago reposando, en el fontanal, mientras un moderno cartel, nos dice que no es agua sanitaria.

Es algo que personalmente me importa poco, pues bebo de todas las aguas y a estas alturas de la vida, supongo que ya tendré una alta densidad de bacterias capaces de transformar cualquier infecto caudal que llegue a sus predios. Llevo tiempo por los Caminos y nunca en ellos he tenido un problema digestivo o intestinal, sin embargo, sí que esas u otras bacterias se revuelven en cuanto algún alimento no está en buenas condiciones.

Según voy caminando voy recogiendo también muestras de la etnografía de la zona: hórreos, ruedas y puertas y ventanas, o lavaderos me sirven para mostrar destellos de la vida cotidiana gallega, como el monumento que se le dedica a «Curuxás» republicano y sindicalista (1905-1967) en Toques que fue su villa natal. Resultan extraño encontrarse con este tipo de manifestaciones de orgullo republicano, y a la memoria me viene el personaje de Leiras Pulpeiro, en Mondoñedo o el que hicimos no hace muchos años cuando recorríamos la España norteña por los cementerios dejando nuestro ramillete de reivindicaciones de la Memoria Histórica.

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Andando, pasiño a pasiño, llego a otro emplazamiento cerca de Melide, donde se nos ofrece agua en medio de un escenario modernista de saxofones, zocos y modernistas razas perrunas, y a cuyo pie también llegan unos jóvenes, dos mozas y un varón que refunfuña por lo largo del camino, aunque a tiro de piedra tenemos Melide, que cuando llego está plagada de grupos de excursionistas y peregrinos educativos.

De Melide la guía Consumer nos dice: Capital del Concello del mismo nombre, formado por 26 parroquias y situado en el centro geográfico de Galicia, en la vertiente occidental de la sierra de Careón. De origen prerromano, parece ser que fue repoblado por orden del arzobispo Xelmírez. De la iglesia románica de San Pedro, trasladada hoy al Campo de San Roque y conocida como capilla de San Roque, no se conserva más que la portada. Aquí también se encuentra el cruceiro del siglo XIV que está considerado como el más antiguo de Galicia. Por el lugar donde los peregrinos de la ruta primitiva hacían su entrada se alzó el Monasterio-Hospital de Sancti Spiritus, que ahora acoge el Museo Terra de Melide, un lugar, como reza la página institucional, construido por el pueblo y para el pueblo. El pulpo, cocido y con aceite de oliva, sal y pimentón es la mejor carta de presentación de Melide. También destaca la repostería tradicional, con dulces como el conocido "rico" y los melindres. 

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Está claro que como afluente hemos desembocado en el rio madre o padre que es Melide, y por tanto en uno de los puntos álgidos de los Caminos, pues aquí confluyen el Camino Francés y el Primitivo, lo cual explica en este caso la riada de estudiantes peregrinos que me encontré en la llegada a la villa.

Llegaba a buena hora para dar cuenta del mítico pulpo, y la duda era sí el Garnacha o Ezequiel, como iba solo, y el primero se me antoja más restaurante, al final opté por visitar a mi paisano de Pola de Lena (Ezequiel) y allí me dispuse ante una buena ración y media de pulpo, una buena botella de ribeiro, una de pimientos de padrón, y lo que fuera cayendo
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De Maki, no sabía nada, o sea que me dispuse a comer en mi propia compañía y gozando de ello y del entorno, pues estos locales son buenos lugares para el estudio de paisanaje que compone tanto el Camino como estas interesantes villas gallegas.

Como digo, tanto la villa como el Ezequiel, estaban llenos de grupos escolares, con sus barahúndas de niños/niñas y sus acompañantes, o sea padres y profes, que también estaban de banquete en el Ezequiel, y donde al calor del vino hice larga la sobremesa, con café y chupito de orujo de hierbas, sin saber exactamente cual sería el destino final de la etapa. Lo importante disfrutar del momento.

Tras la cuchipanda, a parte de ella invité a mis vecinas peregrinas, francesas, pero el pulpo no parecía estar dentro de su catálogo de sabores ideales, por tanto, la ración y media de pulpo se me hizo larga.

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Tras la culminación, a la calle para darme un baño de humanidad peregrina a la vez que continuaba mi peregrinatio sin destino fijo, el tránsito por el Camino me iría dando las pautas, pues no soy de los que lleva todo prefijado, de ahí que en mi mochila siempre tenga algo de despensa: chorizo, salchichón y queso, que nunca ha de faltar, más el saco de dormir y la funda de vivac.

Los nuevo compañeros de Camino, son jóvenes en general, muy atentos y un tanto intrigados por un solitario peregrino como es mi caso, los cuales me acompañan hasta en Ponte de Penas, donde nos arreglamos para sacar agua de los manantiales, pues la mayoría de la fuentes están cerradas al uso, con la excusa de que no son aguas con registro sanitario, aunque un poco más adelante encontramos un buen lavadero en el que aprovechamos para refrescarnos y hacernos unas fotos grupales.

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Su destino es Boente, donde tienen reserva de albergue, y en esa zona dada la frecuencia de peregrinos y de grupos de este tamaño, está todo lleno, por tanto seguí mi camino hacia Fraga para entrar en la parroquia de A Castaneda, y kilómetros más adelante ya en el Concejo de Arzúa, donde supongo que estará Maki, opto por quedarme en un albergue que siempre me gustó, y que en esta ocasión tenía plazas libres como es el de Ribadiso, al par del río Iso, donde chapuceé todo lo que pude para quitar el polvo y el cansancio del camino.

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Dos voluntarios peregrinos, de avanzada edad me ayudaron en las tareas de instalación, y tras ello al río con la sorpresa de encontrarme con el amigo «Guanajuato» aunque el encuentro sería breve, ya que é se iba para Arzúa, y estaba en una parada técnica de remojo y limpieza.

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Víctor Guerra

viernes, 15 de septiembre de 2017

CAMINO PRIMITIVO. 10ª Etapa. De Lugo a Ponte Ferreira. Esfuerzos y recompensas.

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Tomando la notas del día.

El día se levantó tristón y con una pertinaz niebla que no se percibía tanto en el centro de la urbe lucense, donde además todo estba en calma pues no en vano era domingo, aunque los ritmos de la peregrinatio, digamos que son otros, y uno enseguida empieza a perder la cuenta del día en que vive.

Tras las abluciones, Maki escapa raudo y veloz y puesto que la etapa de hoy será dura, ya que debemos saltarnos Castro Romano, sino queremos tener problemas de nuevo con la presencia de los peregrinos canarios en la zona , ya que son sus reservas van copando las pocas opciones que quedan y máxime en una localidad tan pequeña como Castro Romano, de ahí que haya que dar un salto un poco más lejano y dejarlos atrás.

La salida de Lugo me resulta un tanto embrollada, también porque me voy detrás de cada edificio para fotografiar sus puertas o algunos de los detalles que me parecen interesantes, y cuando me doy cuenta ya no sé ni donde estoy.

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Santiago y sus representaciones el Viaje de Alfonso II por el Primitivo
Al final pregunto a una buena señora que me lleva casi de la mano a la embocadura de la Puerta de Santiago, o Puerta Miñá, algo que el hospitalero de A Chanca no recomendaba, que hablaba de otro itinerario más lúdico; fuera como fuere, me interesaba ver tanto la puerta como la representación gráfica de Santiago.

En este caso la puerta expone como dos partes: una muestra heráldica, y otra correspondiente a una imagen escultórica de Santiago montado en su caballo, y este arrollando a un personaje a medio camino entre hombre y monstruo, no parece ser la representación de un moro, pero si de algo «monstruoso»

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Está claro que el paradigma de Santiago Matamoros, no es producto del franquismo, sino que viene recogido desde mucho más atrás, ya que el conjunto viene firmado como del año 1759. La información cultural nos dice que la puerta «fue empleada hasta 1589 por los canónigos y sus sirvientes con el fin de acceder a las huertas. Esta puerta era la única que permanecía abierta en tiempos de peste. Ensanchada en 1759 por el Obispo Izquierdo y Tavira para facilitar la entrada de carruajes», y en dicha puerta se colocó el Santiago Matamoros.

Lo cierto es que no he visto, o tal vez yo no me haya fijado mucho en las distintas representaciones de la figura de Santiago en el arte popular que no ha tocado en suerte recorrer a lo largo del Camino Primitivo, que vuelvo a recodar que de Primitivo tiene poco, sería en todo caso Primigenio, ya que los viajes a Santiago no se hacían tanto por aquí como por Quirós, la Babia, Ponferrada hacia Orense y Santiago, y por Mondoñedo.

Este fue un trayecto a uña de caballo con muy pocos acompañantes para ver que sucedía en Santiago, y ver si había posibilidad de traérselo a la Sancta Ovetensis capital del Imperio. De haber sido un viaje como nos lo quieren pintar, pues el rey-emperador, hubiera cogido un séquito, y por el camino hubiera convidado a acompañarle a nobles y clérigos de renombre de cada zona, es evidentemente que el camino no hubiera sido el hoy llamado Primitivo, y sino aquel que contuviera monacatos, castillos e hidalgos notables y con tan principal séquito se hubiera postrado ante el sepulcro de Santiago.

Pero la vulgata católica nos cuenta otra historia, el viaje raudo cucurrimus y veloz de un emperador a postrarse ante el rey con un importante séquito para de este modo dale más realce a la escena y de le hace firmar la primera donación llamada de las Tres millas

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Parecen olvidarse los historiadores o estudiosos, alguno que Oviedo contaba con innumerables reliquias, y entre estaba el Arca Santa, y la Cruz de los Angeles, venidas por tierra desde Toledo incluido el Santo Sudario, y otras que parece ser entraron por Avilés (siglo V) como el Lignun Crucis que se venera en Liébana.

Como dice el amigo Vicente José Gonzalez «EL Camino de Santiago nace de la noticia de la aparición y no viceversa, y … cual se origina en Oviedo en el 829, que en por ejemplo en 1571 se imprimieron 20.000 buletas»

Volviendo al Camino

Bajo por la calle empedrada muy carcomida por las nuevas construcciones, pero aún quedan rastros se ese viejo quehacer canteril, remates de puertas y ventanas e incluso en algunas figurillas como la de un supuesto San Lázaro, y ya no hablemos de la monumental portalada de la Finca de Boucello, fea como ella sola con sus representaciones jacobeas.
Sigo subiendo por La Cuesta en dirección A Regas, siguiendo por la izquierda de la finca, y ya por la LU-P 2901, camino hacia O Burgo.

Al camino cuando el sol ya penetra en los caminos, de nuevo me salta al paso la Parca, pronto sus trabajos se dejan distinguir en los diversos penachos de los panteones, sitos en las Quintana dos Mortos, que son en Galicia una muestra de que estos conviven en un mano a mano constante con los vivos, aunque la estética de casas y cementerios respondan una visión un tanto ecléctica e iconoclasta.

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Poco a poco, voy alcanzando a peregrinos de «agencia», de esos que van sin nada y que se quedan embobados cuando nos ven llegar con nuestras mochilas, y estéticas, en general alejadas de los turistas de la peregrinatio.

Cerca de O Burgo recojo en mi cámara una vez más la presencia de los manantiales y fuentes, como este de Ribicas, las cuales salpican toda la caminería sea jacobita, ganadera, o de comunicación. Está claro que son auténticos hitos indicativos de que el camino se construía con ellos y en base a ellos, (manantiales) pues eran esenciales para la supervivencia de oriundos y aquellos otros que van o iban en tránsito.

Llego a San Vicente do Burgo y su monumental iglesia barroca, signo y prestancia del poder eclesial, pues son cuatro casas y la iglesia asombra, aunque se humaniza con la cotidiana presencia del cruceiro que jalona el camino.

Una mirada al cementerio que rodea la iglesia, y directo al bar de As Searas, para tomar un segundo tentempié, y enterarme por la joven camarera de que Maki estuvo por esos mismos lugares en compañía de sus amigos los «canarios».

El bizcocho esta apetecible, y no me resisto a probarlo, por tanto hago un segundo desayuno antes de salir a patear la carretera LU-2901 que me lleva como en el juego de la Oca a otra iglesia, menos pomposa, estoy ante la iglesia románica de San Miguel de Bacurin, y su coro de enterramientos

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Dejo una vez más que sea el amigo Xurde Morán quien nos muestre y cante sus excelencias, pues apenas si recojo más dato fotográfico que su planta, quedando en mi ignorancia su puerta y canecillos.

Ahora desfilo por corredoiras y sencillos caminos de la gallaecia del Mera, pero pronto tengo que dejar tan sinuoso camino para seguir al filo de la LU- 2094 hasta San Romano, sin que apenas haya nada que llame mi atención, salvo unas ovejas que ya van de recogida dada el calor reinante.

A la entrada de San Romao da Retorta, encuentro al triunvirato de los amigos «canarios» de Maki, que ya se están estacionando para tomarse unas cervezas antes de coger su plaza en el diminuto pueblo de S. Romao.

Me tomo con ellos una Estrella de Galicia, y me despido yéndome detrás de las huellas de Maki, que me lleva unos cuantos kilómetros de adelanto, y parece que le pierden las prisas…

Justo al punto, unos cientos de metros más allá un miliario, (réplica) de otro que databa del 40 d. C, y que indicaba que por estos lares pasaba la vía romana de Lucus Augusti a Iria Flavia, y en cuya placa colocada en la zona dice que el miliario es Replica do miliario atopado preto de auí yi agora no museo diocesano de Astorga. Erueito no século I polo año 40. Caio Cesar Augusto, bisneto de Augusto Pontífice Máximo Terceiro no poder tribunicio Cónsul por terceira vez. Pai da patria.

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Caminos y Calzadas y autopistas jacobeas
Siempre que veo estas cosas, y leo las vidas ejemplares de peregrinos, que los historiadores cogen para rehacer los Caminos Jacobeos, me pregunto lo mismo ¿Si las Veredas y Caminos que hacían todos estos, en general nobles señores, no serían las autopistas de hoy en día, y sobre las que hemos construido los Caminos Jacobeos? Y lo digo viendo la cantidad de calzadas, cañadas, caminos reales, romanos o medievales, que se han utilizado por peregrinos, gallofos, caminantes y herejes varios, tránsitos que nos llevan las más de las veces de forma paralela casi que a los mismos lugares pero por zonas donde era más fácil que a uno le dieran un plato de comida.

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Los nobles querían llegar pronto y a salvo, ellos y sus pertenecías; por lo cual es fácil pensar que pusieran empeño en no distraerse mucho por el Camino, salvo que el juego o la carne los distrajera en exceso, que también.

Pero aquellos que se echaban al camino porque no tenían otra cosa que cumplir, salvo viejos mandados y promesas, y también por ver si con tales andanzas se realizaba en sus míseras vidas, un milagro, pues no tenían prisa, por tanto sus caminos debían ser algo distintos de los nobles, entrando en una suerte del juego de la oca, tanto en pos de comida y cama, si ello era posible, o sea por la propia existencia, y por tanto, no sería extraño que ese camino no fuera tan recto como se nos ha hecho creer, y que tanto insisten la marcas en llevarnos a todo en rebaño.

Como prueba de lo que digo, indicar que los Caminos jacobeos astures, en ocasiones van por fuera de las marcas jacobeas, y por tanto se abren variantes a pueblos, a monacatos, a lugares de devoción o de simple trasiego comercial, porque en ellos se podía obtenr, trrcar o mendigar algo. El Camino costero de Lastres, o el de Priesca a Coto y Fuentes, o el Camino de Argüero por Tazones. Etc son uno de tantos ejemplos

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Por otro lado se critica a aquellos peregrinos o caminantes- romeros, más que peregrinos porque cogen el autobús, o el tren para quitarse cansancios, o aburridas pateadas por asfalto, etc, y me pregunto ¿Que eran lo que hacían los viajeros de antaño, alquilando caballerías o carruajes o mercadeando transportes para cruzar zonas o ríos..? Pues lo mismo. Cada uno hace su Camino como le parece preciso, necesario o pertinente.

Por eso yo no critico como cada uno hace el camino, ni el porqué, ni para qué. Son preguntas que casi nunca hago.

Dejo les reflexiones peripatéticas, al modo de caminar y reflexionar y veo que el entorno del miliario romano (réplica) deja bastante que desear, por lo cual viendo la solanera que me está cayendo y ya que nuestra logista nos ha conseguido alojamiento en Ferreira, me refugio en el bar del pueblo, para tomarme unas cañas.

Pronto un exfuncionario responsable de caminos, y hoy alcalde de la zona me cuenta la historia de los Caminos y algunas otras historietas sobre variantes …, lo cual me resulta interesante, pero lo cierto es que ninguno de los dos dispone de todo el tiempo del mundo, y pronto cada uno retorna a sus quehaceres, y el mio en concreto, es seguir camino adelante hacia Castrelo y o Burgo de Negral.

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Como no llevo guía, ni perro que me ladre, voy a la buena de dios esperando ver lo que el camino me ofrece, en ese intermedio y con la solana de por medio, alcanzo a un extraño peregrino, que va desnudo de medio cuerpo para arriba con un sombrero de paja y un palo todo retorcido, una mierda de palo que utiliza a modo de bordón, y al preguntarle desde donde porta esa basura de palo, me dice que desde Bilbao, y cumplidas las debidas presentaciones me dice que viene desde México, y enseguida lo bautizo con el alias de Guanajuato, porque es todo un estrambótico peregrino mexicano, estudiante de políticas la verdad es que hacía mucho tiempo que no me reía tanto

Y sobre todo cuando me contó que en el Monte de la Griega, en Huerres, había estado casi que 2 horas perdido, cuando es un monte que es como un jardín, aun no entiendo cómo pudo meterse en el camino de los restos paleontológicos de la Playa La Griega. Y así fuimos caminando un buen rato en plena solana, aunque el chico no era tonto y pronto preguntó sobre la chapita que llevo el bordón, fina vara de bambú, con cintas que le llamaron la atención, pues me pregunto que si era miembro del Compás y la Escuadra. Por el camino le fui resolviendo las dudas y la explicación de las cintas y sus colores.

Llegando al destino y el saber gallego

No íbamos acercando a mis estación de destino Ferreira, y rehusó amablemente una cerveza pues seguiría unos kilómetros más, cuando el anuncio del albergue de A Nave, apareció, y era algo que me venía sonando desde unos kilómetros atrás como era la reconversión de una antigua granja de pollos en un albergue, y esa fue la realidad, que entre charla y charla nos pusimos en un santiamén en Ferreira, aunque mi querido compañero a pesar de los casi 30 km de recorrido como digo siguió camino hasta no sé muy bien a donde. Eso sí antes no sentamos a degustar una lata de foie-, unas rodajas de salchichón y buen chorizo, y a falta de buen vino de bota, pues agua cristalina del regato al pie del cual nos sentamos.

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Al llegar a la altura de la cantina de Ferreira, ya era esperado, no por Maki que ya llevaba unos cuantas horas albergado, y había hecho migas con la cocinera que era asturiana, aunque eso no fuera horas más tarde garante de nada, pero Maki había hablado de mí , y como los gallegos no pierden una, pues pronto el gerente de A Nave puso oído a lo que mi hermano de sangre (Maki) decía de mí , y mis trabajos en pro del turismo y el Camino.

O sea que cuando llegue a la altura de la Cantina y saludar, pues me ví recompensado con una cerveza de selección, lo que ya me puso en guardia, y habiendo vivido años en Valeixe (Cañiza), pues ya sabía que algo tendría que dar a cambio de tan oportuna invitación.
Cambiando impresiones y consejas en Ferrerira

Esto es Galicia, y el trueque, está al orden del día
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Tras descansar un rato, el buen hombre encargado, o dueño, o gerente, de aquellas instalaciones, Jose Manuel me invitó a explayarme sobre las obras que me iba enseñando, fachadas a remodelar y otro de sus grandes aportaciones como era la reconversión de la nave de pollos en albergue, que era lo que más me tenía sobrecogido.

Lo primero que le dije, fue sobre cierta dignificación de los espacios de terraza, den los cuales había que huir de las sillas de plástico, así como poder poner algún motivo peregrino o jacobeo en la fachada de la Cantina, pues la música y la atención eran excelentes. Y un guiño siempre viene bien alejarse de la estética rustica de las tabernas de pueblo viene bien.

Pasamos a una especie de terraza reservada que estaba decorando, y que pretendía dejarla para fiestas y actos un tanto particulares, a lo cual le indiqué que debía hacerlo al revés, o sea, expresar que tenía un espacio abierto, decorado y que podía ser la base para un resort que es lo que ahora se lleva, pero bajan do la altitud de los muros para que se pudiera ver todo desde dentro y desde fuera

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Tomaba nota, mientras las cervezas iban cayendo, hasta que me llevó a la famosa nave de pollos, donde yo creí que iba a pernoctar, pero no lo haría en ese lugar sino en el albergue de más arriba.

La reconversión me pareció estupenda e increíble, así como el cuidado y la estética, y lo poco que pude decirle, era sobre la erradicación de la terraza de publicidad instalada a la puerta, y le recomendé que sería bueno apostar por algo más tipo resort, así como el aprovechamiento de los espacios adyacentes, luchando por un intenso ajardinamiento, y se me olvidó indicarle, y lo hago ahora por email, de que sería interesante una muestra fotográfica de la reconversión de granja de gallinas a albergue. ¡¡¡Chapeau¡¡¡ Me quedé impresionado.

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ras todo aquel intercambio de impresiones, y con unas tres o cuatro cervezas me fui para el albergue de arriba, aquí la cosa cambió, el trato no fue el mismo, y cuando le comenté al hospitalero que había estado con el gerente de los albergues, este me contestó que ese «Jose Manuel no era ni jefe, ni gerente ni nada…» mal empezamos si alguien pone a parir al compañero de al lado, que igual es su casero, vete a saber , pero viendo la publicidad de los establecimientos.. se debería guardar esos comentarios.
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Pero no entré yo con buen pie, pese a las buenas opiniones de Maki sobre la paisana que teníamos en el llbergue de cocinera, a l acula después de un rato de paseo, y más cerveza, le comentamos a la «asturiana» la posibilidad de hacernos con un plato para dos, o sea para compartir, de la arrozada comunitaria, nos dijo que eso era imposible o comprábamos el bono comunitario de la arrozada o no había otra opción.

Puesto que nosotros traíamos nuestra propia comida, pero bueno era compartirla con uno granos de arroz caliente, lo cual no hubiera estado mal, pero pagar casi que 20 euros por dos platos de arroz como que no, por tanto agradecimos el detalle de la contestación y que pasara por delante nuestro, mientras cenábamos a tirar el arroz sobrante para los perros, que también son criaturas de dios, pero eso sí pasando por delante de nuestras narices.
Menos mal que era paisana. ¡Ya le vale...¡ comentó Maki, por toda contestación, y allí dejamos a los susodichos hospitaleros de Ponte Ferreira. Estas cosas también se dan en el Camino.

Maki, se enrabieta
Maki, estaba medio enfadado, pues tuvo que esperar por mi persona un tiempo, y además las cosas de este Camino no estaban saliendo como el esperaba, el recuerdo del 2015 era importante, e intenso, y este viaje no acababa de cuajar, algo ha habido que no estaba saliendo igual, ni parecido

Además digamos que había mucha tensión interna (familiar) y muchas horas en lugares con poca dimensión, y para Maji ver pasar el tiempo es toda una amargura.

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Maki y sus reflexiones

Por lo cual empezamos otra discusión sobre cómo abordar la próxima etapa, pues era por la cual pasábamos por Melide, que estaba cerca, y quedarse a cenar pues era mucho telar, pues apenas si eran 20 km., y quedarse a comer, pues Maki no quería darse la panzada y luego caminar.

Solución salomónica. Cada uno afrontaría este final de etapa como bien creyera necesario, o sea que habría un divorcio hasta llegar a Santiago, al menos eso era lo que planeaba en ambiente, con esas sensaciones nos fuimos a la piltra, eso sí con unos 30 km de ruta y unos casi 600 mts de desnivel acumulado, y un calor que cada día prieta más.

Adelanto acontecimientos, para explicar que la separación o divorcio fue un hecho, que se plasmó a la mañana siguiente, pues tras echarse a la litera y tomase sus pastillas, el relajo es tan grande que los ronquidos eran de órdago, varias veces le tiré del saco, hasta que se enfadó y digo que sino ene se albergue no se podía dormir tranquilo.

 El que no durmió fui yo que desde las 4 de la madrugada ya no pegué ojo, al levantarse me espetó que le había jodido toda la noche y que estaba hecho polvo, y que se iba. Le dije que los que estábamos hechos polvo éramos el resto de compañeros del Albergue .. pero digamos que había cogido la de Villadiego camino de Santiago
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Víctor Guerra