viernes, 6 de octubre de 2017

CAMINO PRIMITIVO. 12 y 13ª Etapa Rivadiso- Monte do Gozo y final del camino de Compostela. 38+ 7 km y unos 740 mts de desnivel.

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Ya estoy llegando al final del Camino, y es como si me entrara el miedo escénico, digamos que no me subyuga nada llegar a la Catedral, enlosada por las obras y blindada por los temas de seguridad, colas, cacheos, etc. Casi que me doy la vuelta, y eso no me asusta eso ya lo hice alguna que otra vez, llegar al Monte do Gozo, disfrutar de los momentos en soledad y dar la vuelta al camino, en dirección a casa. Es una sensación única.

En esta ocasión seré algo más conformista, además quedé con Maki a media mañana en la Plaza de Obradoiro, él ha llegado en la noche que yo llegué al Monte do Gozo.

Salgo de Ribadiso en medio de las nieblas y la soledad, pues ya el personal ha madrugado de madre y me he quedado de los últimos saboreando la infusión de turno, aunque sé que Arzua está delante, y puedo saciarme a desayunar bien, pero prefiero tirar pues tengo la duda de si quedarme en Pedrouzo.

Arzúa se me hace interesante por la multiplicidad de perfiles peregrinos, los llamados turigrinos, los extranjeros jóvenes y maduros, las maduras extranjeras algunas de ellas de inmensos culos y muslos que no sé cómo pueden andar, las coreanas que no les entra ni un rayito de sol, son como los vampiros, en fin toda una fauna a la que unen los deportistas, jóvenes y viejos, y las jovencitas extranjeras que andan solas por estos Caminos.

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En fin, una real caterva para entretener toda una vida estudiando y observando a esta colosal fauna que se tira a los caminos, hace décadas se hacía por las hambrunas, hoy porque las soldadas son menguadas, y pasar 14 días por el Camino es barato, y lo pasas bien, aunque algunos días darías la vuelta.

La llegada a Santiago ya se hace más urbanita, y apenas si te fijas en detalles, salvo los mensajes que me va dejando Maki por los mojones, haciéndome saber de su existencia. Alguno de esos conservadores peregrinos se habrá acordado de esos mensajes en lo alto de los mojones. Pero para mí es bastante, sé que mi hermano Maki, se acuerda de mi persona.

De Pregontoño a Peroxa y de ahí a A Calzada que se atraviesa por un lateral del Monte do Roto camino de Lengüelle, y así voy empalmando aldeas y caminos ya conocidos de otros caminos, como el francés, el de las Reliquias, el Sanabrés, etc…ya con unos cuantos, y cuando quiero darme cuenta es medio día y llego a Pedrouzo, donde conozco un buen albergue a la salida del pueblo, pero al pasar por delante de una pizzería me tienta darme un homenajes y comer bien, y dada la hora, pues seguir camino a Monte do Gozo, pues tengo capricho de dormir en tal ubicación.
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Doy cuenta de la comida, con un cierre de un doble de té y un copazo de aguardiente de hierbas, y desentumezco los huesos, que se resisten a salir de nuevo a las troteras y danzaderas del Camino.

El día que se abrió con nieblas y queriendo como llover, me brinda a las 3 de la tarde un sol de justicia, que como no llevo nada más que una taza de aluminio, pues no hay manera de satisfacer la sed. Hay una sequía de mil demonios, y no hay manera de echar la taza en cualquier baldío.

Solo al dar la vuelta al Real Areo Club de Santiago, me encuentro con unas surgencias de aguas ferruginosas, un poco antes de San Paio, donde calmo la sed aunque las aguas no presentan mucha confianza, y menos al ver cómo me mira el resto de los peregrinos que pasan por la zona. Me quito las sandalias Keen que ya presentas importantes deterioros, cómodas son, pero, un trato de tanto caminar no las hace resistentes al menos en lo referido a las costuras.

Sacio la sed y le doy un refresco a mis pies y cambio un poncho por otro, que había en la zona y sigo mi camino, hacia Lavacolla, para tomarme una cerveza, aunque lo que me pide el cuerpo es agua y más agua. Que diferencia en el 2015 pasé por estos mismos lares y era todo un diluvio universal que pasaba por encima de mis sandalias, hoy estamos de sequía y de sol de justicia.

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Me paro en Lavacolla, en medio de los turigrinos, y pido una botella de agua mineral con gas y un chupito de anís, que le echo al gua, para que este me sepa a algo, pues de agua como ya digo tengo el estómago repleto.

La solanera debió afectarme a la cabeza, pues en vez de salir por el Camino, me fui por la carretera adelante, cuando me doy cuenta, digamos que paso de dar la vuelta, aunque el sol por el arcén me está matando, voy a cruzar la N-634 A , para pedir agua, cuando una buena moza desde la ventana me invita a saciar sed y los demonios de la carne, viendo a donde iba, me corté, le días la gracias a la interesada damisela, y seguir camino adelante, para tomarte otro agua en la cantina de Camping de la parroquia de Bando, los paisanos pasan de mí y yo de ellos, digamos que el personal no está para chanzas, y a todos nos pesa en calor.

Un par de revuelta y doy cumplidos los 38 km, y ya estoy en el Monte de Gozo un poco tarde, pero he llegado, cuando andaba buscando el Albergue Municipal, pues ya el presupuesto escasea, me sale una pareja de extranjeros, que me había cruzado con ellos un par de veces, y me dicen que no , que vaya hacia otro albergue que ahí más allá y que ellos están en él.

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Allí me dirijo, cuando una impresionante iglesia me abre el paso franco a las instalaciones que dad su envergadura, se las dan dejado, o alquilado a una organización, en este caso de católicos polacos.

Me recibe una hospitalera grande y metida como yo en años, y me recibe como un guardaespaldas, ya que debe verme desfallecer, `pues tengo un intenso dolor en la pierna derecha, una bursistis lateral que me me hace sufrir . Esta al verme me sienta de un plumazo en una cómoda silla, me quita las sandalias que me lava y me refresca los pies. Estoy en la gloria bendita, aunque un tanto escamado.

Al final me sella la credencial que es la institucional de Asturias, y que nunca había visto, la fotografía, y me da un vale por medio menú para la cena, y todo eso por la voluntad. Me dice que ellos reciben grandes grupos que va para Fátima y Lourdes y les da de comer o cenar, y que eso les permite ser generosos.

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La buena hospitalera, coge mi mochila como quien coge un bolso y nos vamos a unas coquetas casitas de campo esparcidas por la zona, me dice que tiene un rincón tranquilo, que hay nada más que seis u ocho peregrinos franceses, y que no me molestaran, y menos al meterme en un espacio como dedicado a los hospitaleros. Genial, hoy me ha tocado la lotería.

Mi ángel guardaespaldas, me instala y me da las consabidas órdenes para que me presente a la consabida cena, del medio menú, lo que realizo una vez hago el resto de las abluciones por mi cuenta, la buena señora hospitalera, me dice que hay en un armario todo tipo de gel, cremas de baño y hasta de toallas que otros han dejado.

Una vez limpio como un jaspe, me presento a la cena que comparto con unos 70 comensales que van de regreso a Portugal y vienen de Lourdes. Deglutimos unos y otros como bien podemos, pues a mí las ansias no son fuertes después de comer al medio día, y tras ello , lo que me apetecía era tomarme un copazo, pero esta de peregrino de voluntad y gastarse una pasta en un reconstituyente, como que no pega, aunque estoy seguro que mi ángel guardaespaldas me lee el pensamiento, pues se acerca con una botella de no sé qué mejunje, que creí que era aguardiente, pero no es un bebida polaca, que rasca hasta el fondo de los tobillos, y allí me sirve la buena señora una buena cantidad como si no hubiera mañana, los franceses ante tanta generosidad huyen despavoridos, pues ya deben saber de qué va la vaina. Michele que así se llama, mi alma mater, me dice que los franchutes son unos flojos, con un anís con agua.

Otro vaso, y a la piltra, aunque la verdad es que no sé ni como llegué a la casita dadas las que había en la zona, y como en aquellas oscuridad pude llegar a la amplia cama de hospitalero/a. Toda una delicia de dormida.

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Pronto amanece, y doy un salto resacoso, aunque me levanto tranquilo y ayudo a la hospitalaria, la polaca madura alta y grande como un armario de la recepción y la tertulia noctámbula, y entre los dos, mano a mano organizamos el follón de botes, que los peregrinos van dejando en su última estancia, cremas de todos los tamaños y fórmulas magistrales, ungüentos de dar y tomar, unos en francés en castellano, en polaco, en inglés. Allí como podemos, organizamos el trastero medicamentoso, y luego nos vamos en amorosa compañía a desayunar, eso sí con un café negro fuerte como un demonio, que casi me hizo vomitar.

Lo que no fue el caso, seguimos en fraternal convivencia ella hablando en polaco y yo en castellano, o sea conversación de mudos, pero nos bastaba sentirnos el uno al otro, aunque ella echaba de menos a su familia, a su marido, pues ya eran tres meses en ese especie de convento, y ya la cosa iba pesando.

Las horas pasan y hay que despedirse, algo que me resulta difícil, tan es así que me cruzo con peregrinos en mis andanzas camineras, y no les solicito ni el nombre, he estado estos días en Potes con una pareja de Alicante-Elche y nos cruzamos ni los teléfonos. Se que iban hacer el Camino Vadiniense, y les estaba convenciendo para irse al de Sahagún que es más entretenido y sin tanto asfalto.  ¡Al final, no sé, lo que hicieron…

Yo me despedí de mi hospitalera polaca, que me levantó medio metro del suelo, y me estampó un abrazo de esos de carretero.

Me fui sin volver la vista atrás, con el cariño y el sentimiento ese que te embarga cuando andas kilómetros y kilómetros de solanas.

Poco voy entrando en la ciudad, que es lo que más me gusta, penetrar en la urbe santiaguera, calmo sin prisas, el Santo no se va a ir…, por tanto entro en la famosa churrería de la zona y me despacho un chocolate con churros en Metate, las mozas un poco desabridas, no entiende las ironías astures y menos tan de mañana, sigo a lo mío, y me dirijo a una frutería para tomarte unas uvas, pues necesito fruta que como con fruición

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Unas peregrinas extranjeras, me piden si pueden hacerse una foto conmigo, pues les hace gracia mi indumentaria y el sombrero vaqueiro, nos despedimos pronto y rápido, pues tengo que ver a Maki, y organizar la recogida, pues el amigo Juan Moreno, que estaba por Galicia de tournée profesional no recogerá sobre las 14 horas para devolvernos a Tremañes.

Maki, dice de quedarse, o seguir hacia Finisterre, pero por esta vez claudico aquí y ahora, y tras hacer cola para la Compostelana, que me da la dan doble, con kilómetros y certificando mi paso por Santiago.

Tras ello, le digo que, dados los protocolos de seguridad, que el Santo se dé por saludado y abrazado, y tras las fotos de rigor en la plaza de Obradoiro, en la cual solo nos encontramos con una pareja de andaluces con los que coincidimos del resto ni se sabe, y por supuesto eso sí encontré a Maki, que ya había sellado lo que le quedaba de su credencial a base San Miguel. Un abrazo pues estábamos sanos y salvos, aunque el adelantarse y coger una pensión le supo a poco, pues se quedó en ella torrado y no pudo darse los garbeos nocturnos, pues también se había metido una buena paliza.

O sea que volvemos a la tierruca, confortablemente y pensando en un próximo viaje por el Camino Portugués. Ver veremos.¡¡

Y así concluye un camino de uña de caballo que hizo un rey-emperador astur parra ver lo que se cocía en Santiago, y al que obligaron los taimados noble gallegos a firmar el protocolo de las tres millas, yéndose el visigodo con el rabo entre las piernas, no pudiendo hacer más grande el tesoro ovetense, para su aval político y religioso, y de esas trazas y maneras la vulgata historicista denominó a este camino el Primitivo, cuando el rey estaba cansado de hacer correría por estos predios hacia Compostela y Braga, que eran parte de sus reinos y señoríos.

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En fin, así fue y así lo conté yo en octubre del 2017 a la vuelta de un largo Camino por el Camín de Covadonga, (Gijón-Covadonga) enlazando caminos viejos como la calzada de Jana (C. Onís-Panes) y las rutas lebaniegas a Cades y el Real Camino de la Montaña que me llevó a Santo Toribio de Liébana, unos 160 km.

Victor Guerra