lunes, 23 de abril de 2018

Santo Toribio de Liébana. Crónica de un Camino (1)

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La Peregrinatio Cántabra en 3 dias

Tenía ilusión, tras todas las andanzas por las diversas caminerías lebanienses en pos de sacar el libro Caminos a Santo Toribio de Liébana, en ver como se desarrollaba el cierre del año jubilar 2018.

Esta ilusión empezó con una peregrinatio a lo largo de la Vereda de los San Salvadores, que arrancó desde el monacato de San Salvador de Valdediós, camino del entronque de la Vereda de los San Salvadores y el Camino Lebaniego, a las puertas de la localidad cántabra de Muñorrodero
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Antes de entrar en estos predios, y tras días de caminata me quedé en Colombres en el albergue de Devatur, con alguna que otra deficiencia estructural, como que las segundas literas (de arriba) no tenían escaleras para subir a ellas. Lo puedo entender cuando estas instalaciones las ocupan adolescentes, pero cuando hablamos de adultos y personas mayores ese tema no deja de ser una auténtica jodienda, y puede ser pleito de algún accidente

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Pensé en coger el colchón e irme al jardín, pero pagar 12 Euros para dormir al raso, como que no ¡

19/04/2018 En Colombres certifiqué tras la andadura desde Valdediós, que los caminos norteños a Santiago tiene tirón, pues en el albergue de Colombres estábamos unos 20 romeros y peregrinos, en su mayor parte alemanes, polacos algún inglés, unos tres españoles, y un insufrible argentino metido en años a la caza de jóvenas peregrinas…hablando a sus presas, gordas o flacas, sobre lo singulares que eran..

Por la mañana emprendí marcha hacia Muñorrodero y me crucé con muy pocos romeros, y aún menos cuando llegué a la encrucijada de caminos, donde debía resolver la gran duda, o bien tomar el Camino Histórico de la Montaña, o de Invierno, que se señalizó como Camino Lebaniego en el 2004, el cual va por Hortigal a Bielva y Cades, o tomar por el Camino turístico Lebaniego, que desfila por la Senda Fluvial del Nansa, mientras lo decidía me tomé un buen vino acompañado de pincho de tortilla, esperando ver un supuesto tropel peregrinos que nunca llego a existir.

Apenas si pasó una jovena leonesa, tras ello me puse en camino hacia Cades por la Senda Fluvial del Nansa con sus instalaciones de escaleras y pasillos hasta llegar a la Central de Camijanes, donde me sobrepasaron como galgos en carrera, tres jovenas (una cántabra y dos sevillanas) con minimalista mochila, y como digo a toda pastilla, reemprendo el camino renunciando al pesado segundo tramo de la Senda Fluvial del Nansa. Todos los romeros que conozco que ha hecho este tramo, te dicen bonito pero pesado como el plomo.

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La llegada a albergue de Cades, yo la hice por Otero y es más bonita que por donde la han echado, y aun no comprendo porque el Gobierno Cantabro no ha incluido una localidad más como Otero, con fuente y parque sobre Cades, además de que se quita algún que otro metro de asfalto.

A la entrada del albergue de Cades, la risueña Katy, nos recibe y enseña la importante remodelación de la instalación alberguista. Es ilusionante verla hacendosa y encariñada con su renovado albergue. ¡Genial ¡

Además, ha conseguido un año más de alquiler de la instalación, el problema es que no se sabe que va a pasar con la promoción y ayudas al Camino Lebaniego, pues pese a las palabras del Presidente Revilla, el albergue de San Vicente se cierra, y el de Potes tiene echada la cancela cuando escribo esta crónica, o sea que espero que todo esto del Camino Lebaniego, no se vaya cayendo como un dominó a lo largo del tiempo, aunque viendo que los dos importantes núcleos, de origen y destino dan la espalda a la cuestión alberguista…, no sé bien cuál será el destino.

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Ya en el albergue de Cades, a última hora de la tarde se acoplan un grupo de seis maduras cántabras que también van camino de Santo Toribio, aunque empeñadas en hacer la ruta de la estupidez, o sea en dormir en Cabañes por recelar del Camino de Concha la Cova que une Cicera con Ventosa.

Entiendo que aquel que no quiera darse la paliza hasta Potes duerman en el albergue de Cabañes, pero los que renuncian al tema de la dormidera es impensable que quieran cubrir los 600 metros de desnivel para a continuación volver a perderlos, y todo porque las marcas indican que el recorrido se echa monte arriba, es algo que no concibo.

Son las cosas que tiene el diseño del Camino Lebaniego

Por lo que cada uno expuso, buena parte del contingente romero en marcha su intención era llegar el Sábado 21, y tras sellar la credencial y obtener la Lebaniega, levantar el vuelo e irse para casa, sin más .. dando la espalda a los actos y al propio cierre del Año Jubilar Lebaniego.

20/04/2018 Un total de unos 14 o 16 peregrinos y romeros salimos de Cades a nuestro aire, los de la etapa a Cabañes, con prisas y muy mañaneros, el resto tranquilos y pausados con una etapa corta a Cicera en la cual predomina el asfalto.
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En Quintanilla, al ver los crestones lebaniegos ya me di cuenta que los caminos estaban llenos de nieve, pues hubiera querido entrar a Potes por Andara pasando de Sotres a Bejes, o por Áliva hacia el Vadiniense, o en todo casi por El Cares, o el Arcediano hacia las Sendas del Mercadillo de Valdeón, pero la invernada ha traído tanta nieve, que era difícil cruzar los pasos altos de Vau de los Lobos o Remoña.,

Por tanto, el único Camino, más o menos practicable, era el Lebaniego., puesta el Collado de Pasaneu, estaba perlado de grandes manchas de nieve, por lo cual al pie de Sobrelapeña tras la pateada por asfalto desde Cades por la Venta de Fresnedo, opté por salirme de lo establecido, y subir hacia el pueblo de Cires, para seguir el Camino Real de la Montaña que va en busca del Collado Pasaneu, dejando de este modo el albergue de Lafuente y los la llamada pareja de cabezones de Lamasón, de lado mientras iba observando desde la lejanía como el resto de compañeros peregrinos, lidiaban con la subida hormigonada de Burió, la cual desfila por debajo de la Sierra de Arra, hacia el Collado de la Hoz.

Mi alternativa, fue seguir por el acceso rodado de Cires, pueblo que dejó atrás para seguir subiendo, aunque antes y dado el calor que en estos días nos ha venido azotando, me resguardé unos momentos para cumplir con la reposición de fuerzas en el lavadero del pueblo de Cires, mientras contemplaba el tranquilo acontecer del valle y pueblos de Lamasón
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Tras ello y ya puesto en marcha seguir en dirección Oeste salvado un desnivel importante que me llevó en primer término hasta una nave ganadera, donde se vira a la izquierda por tramos más planos, pero no exentos de repechos hasta ganar definitivamente a la altura del lugar de Gándara Llana los invernales de Carracedo, para lo cual hay que abandonar la pista para ganar el Collado de Carracedo con 682 mts de altura.

Como iba solo, y sin perro que me ladrara, una vez alcanzada la cota de la collada me fui a la izquierda, dejando el ramal que va por la derecha hacia Agua Seles camino del Collado la Hoz para bajar posteriormente a Cicera.

Por mi parte preferí la aventura de lo desconocido y me fui a la izquierda, hacia el Sur, pasando por debajo de la Sierra las Coronas, hacia la Braña los Tejos, para desde ella, coger el viejo camino que se enhebra a lo largo de todo el descenso con la riega de Cordancas, dejando de esta manera el claro camino que va hacia el Collado de Arceón, paso importante para la Liébana
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La bajada se hace por un camino bastante roto y abandonado, pero muy reconocible, y desde luego muy bonito y apacible. Fui bajando a la vez que disfrutaba de todo el valle de Peñarrubia a la vez que iba recreando los distintos pasos trashumantes de la zona y la existencia de tejos, acebos y grandes ejemplares de castaño ya casi milenarios.
A Cicera, llegué de forma tranquila a la 5 de la tarde, tras haber caminado en el entreacto de unas 8 horas unos 22 o 23 kilómetros.

Ya en el pueblo me recibe el bonito albergue con su pintura mural, en cuya instalación me dio cobijo, junto a cinco hermanos peregrinos, dos cántabros, un Boquerón (malagueño de rancia y noble cuna) un venezolano y yo mismo, otros cuatro romeros vascos prefirieron la comodidad de la Posada de Cicera, ese era todo el ejercito romero camino de Santo Toribio y el cierre de la Puerta del Perdón.

21/04/2018 En Cicera, con muy buena noche y de charleta hasta las 24 horas, menos mal, porque en Cades a las 22,30 en la cama, y luego a la madrugada despierto.

De Cicera, salgo con Emilio, el boquerón camino de Canal de Francos, pero al llegar al cruce de camino toma el que desciende y se va en busca de la carretera de La Hermida, en mi caso sigo por Canal de Francos, con calma y disfrutando del paisaje y de las vistas al llegar al collado de Cuesta Matilla, donde me pasa otra corris-corri, y luego dos cántabras (madre e hija) un poco quemadas por que les recortaba el camino con atajos y caminos varios, pero claro todos ellos llevaban a sus respectivos de apoyo logístico con coche que esperaba en Lebeña.
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Mi Camino , huyó de las amplias pistas para ir por las sendas y caminos que enlazan los invernales de La Torca, Pando y Lebeña, donde los pilones y bebezones manaban agua por los cuatro costados, desde la bajada pude contemplar como la nieve tamizaba los cumbrales de Picos y Cordillera, mejor no haberme aventurado por los Picos. Disfruto la bajada a mi aire, si gps, sin medida ni cortapisa alguna, hasta entrar en Lebeña por el barrio de El Valle.

Bajo hasta la iglesia de Lebeña, para sellar la credencial y me espero a la sombra de la Caseta de bebidas, a ver si llega Emilio de su periplo por la carretera… tarda en llegar y le doy de comer al león un perrillo que va en una cesta encaramada en un trasto de bicicleta, tirada por otro estrafalario bicigrino que pese a aconsejarle que disidiera de irse por Allende, esto me miró como perdonándome la vida, y aprendí una nueva lección no des un consejo que no te pidan.

Algunas cabrones había que cortarles los dedos de las manos. Esta pintada en el Camino Viejo de Concha la Cova a Ventosa 

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Ya en el albergue de Cades, Kety me pidió que explicara la ruta que quedaba, y al dar las consejas de atajos, o mejores trazas, ya vi retorcerse a alguna, y mostrar repulsa a otros, y vi que pese a quedar para ir juntos por esas veredas, el personal romero pasaba de tales consejas, lo mejor es callarse y cada uno sufra a su modo su Camino.

Al ver que Emilio no llegaba, me fui hacia Lebeña pueblo para subir por el Camino Viejo de Concha da Cova, y cuando ya daba los primeros pasos, me encontré con Mari Fé y sus acompañantes vascos, que se iban para Cabañes, por aquello de estirar el Camino.

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Yo preferí el Camino de Ventosa, (Concha da Cova) hacia Ventosa a cuyos talones se me pegó una pareja, ella María Ángeles, iba gaseosa y con la taurina saliendo por las orejas, o sea de mala leche, y el callado y tirando, y lo cierto es que los iba a dejar descolgados, pero hay tensión en la pareja, y decidí después de un trozo meter baza y ayudarles a superar las pasadas de Ventosa (Concha da Cova) y llegar a la carretera donde me encontré con el amigo Emilio, que venía de sus camino carretero, por el desfiladero de la Hermida.

A la pareja de paisanos, boquerones también los dejé en Castro, y yo con Emilio enfilé hacia la ermita de San Francisco, donde cogimos de descanso a la corri-corri, que había subido a Cabañes, y estaba agotada.

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Tras un par de fotos, seguimos por las trazas del GR-71 que cruza toda la pradería e Campañana, por donde creo que va desfilar la próxima vía de circunvalación de Potes y ya de esta traza y cada uno por sus caminos y uso fueron llegando al albergue de Municipal de Potes, en el cual dormimos la escuadra peregrina de este evento de cierre de Puerta y Jubileo, unos diez peregrinos y otros 5 en Cabañes, y que sepamos otros cuatro alojados  en alojamientos varios, que fuimos los que nos encontramos en la explanada del Monasterio de Santo Toribio, del resto que habíamos estado juntos en Cades nunca hemos vuelto a saber de ellos.

Lo demás, mucho turigrino de coche y autobús, y corri-corris de última etapa, y algunos bicigrinos y todo un montaje lúdico religioso del cual les describiré en la próxima entrega dentro de unos días.

Nota de reflexión: Sorprende la poca iteración de los peregrinos con el Camino Lebaniego, he visto unos cuantos pasa al lado de la Herrería de Cades y ni acercarse a ver lo que era  aquello, o estar en Lebeña y no entrar ni al recinto de la iglesia. Increíble

Victor Guerra.

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