lunes, 12 de noviembre de 2018

El Camino Primitivo, el crucigrama de Jacob y los 7 Sabbath


Lo cierto es que lo temas tópicos como el Camino de Santiago o las cuestiones templarias, sirven para todo a la hora de trazar una trama de aventuras pasionales y familiares, como les pasa a los protagonistas de la novela que he leído estos días.

Realmente me pasó tal libro desapercibido, aun cuando la ha publicado la todopoderosa editorial Planeta, hace un par de años de esto, en el año 2016, y así es como estos días me encontré leyendo la obra de Ana López Martín, la cual ha llevado al cine en formato documental y presentado a los Premios Goya 2018 como aspirante al mejor documental y mejor música, pero nasti de plasti.

La autora, Ana López Martin, natural de Avilés, relacionada con la industria tecnológica como ingeniera industrial, escribió dicha novela, que según algunas reseñas recibió el premio de Primera Yincana Medieval de la Feria del Libro de Madrid, y a buen seguro que la feria de Madrid es prestigiosa, lo que ya dudo tanto eso de la Primera Yincana. En fín…aunque Ana López saber bastante de hilar fino y con hilo…

La historia que nos cuenta, Ana López Martín toma prestado no el Camino Primitivo, como tal, sino unos puntos significativos de este trazado, como Grado, Tineo, Obona, o Cornellana, y los conjuga con otros, como Avilés, el Montsacro, el Monasterio de San Marcos, para crear una trama que se desarrolla entre 1491-1492, imbuyendo en ella a la comunidad sefardita de Oviedo y la leyenda templaria y de refilón a modo de trazado el Camino de Santiago.

Una confabulación bastante bien traída, para construir este singular Camino de los siete Sabbath, que bien parece como un juego de trileros, pues digamos que los protagonistas viajan más que el baúl de la Piquer, pues tan pronto están en León, como en Cornellana que en Llanes, o el Montsacro, es en suma una trasladatio impresionante, pues en un momento dado parte de los personajes cubren en tan solo tres días el trayecto entre Riosa y San Marcos (León) eso sí con un herido a cuestas.

Sí bien la trama esta más o menos bien urdida, aunque cuando uno le parece que el argumento ya parece concluid, este renace de sus cenizas para dar una vuelta de tuerca más, girando bien sobre la cábala o sobre una supuesta Lápida Templaria sita en algún lugar en Asturias, lo cual nos lleva a unos argumentos que nos suenan, sobre todos a quienes haya leído los libros de Juan Eslava Galán y su Lapida Templaria, no es que plagie nada, poro hay soniquetes que nos sonarán de haber sido leídos, mas allá de las reseñas que autora hace de Kent Follet y otros..

No entiendo muy bien en la novela el tema de la relación de la Lápida Templaria asturiana y lo que significa esta para la comunidad judía, más allá de dejar ver el buen arte de esta comunidad en el manejo de los mapas, la escritura y la cábala, cuestiones que no tienen por qué estar unidas obligatoriamente, aunque a la autora esto le ha servido para urdir su enredada tesis haciendo que Cornellana o Obona, fueran parte de un supuesto entramado con relación al secreto templario, conformado por la Lápida Templaria que estaría en Asturias, y que no sería otra que la que se encuentra en Archidona, y sobre la noveló Juan Eslava Galán.

Nada tengo que decir, ya que cada uno enreda los argumentos como le viene en gana, pero hay cosas que en la novela se sostienen mal, a pesar de la advertencia de la autora sobre algunas libertades literarias que se ha tomado, y que las tengo en cuenta.

En primer lugar la autora , parece que conoce mal Asturias, y menos aún los caminos, pues si ya las minutas de los carreteros que traían la piedra de los parajes castellanos a Oviedo para la construcción de la catedral, se les indicaban que al «llegar a las Asturias de Oviedo, fuérase por los caminos donde los hubiérase», o sea que caminos había más bien pocos y complicados, pues hay tenemos a Telat, a Issac, y Jacob, lidiando por montañas y valles pues tan ponto los tenemos en un lado como en otro a golpe de pinrel, sin que la cosa de la trasladatio les llevara más de tres días, cruzando en línea recta, y eso en Asturias. La línea recta ¡

Hay cosas que pegan mal y casan aun peor, en la novela que se desarrolla en el siglo XIV presenta un joven judío aprendiz en el manejo de especias y pócimas, y ahí le tenemos manejando el eucaliptus como planta medicinal, y además se la piden los paisanos, cuando este árbol vino de Australia en 1860, o sea cuatro siglos más tarde, algo extraño, pero así se las gasta la autora.

Que se nos hable de lechugas y de pepinos como producto en la mesa asturiana del pueblo llano en el siglo XIV, cuando esta planta originaria del Sur de Asia e India, ha llegado a nuestras huertas más bien tarde, pues los huertos asturianos, digamos que son calificados de «subsistencia», o sea ajos, cebollas, y patatas y pocas más. En fin, licencias o deslices literarios.

Como lo es que una determinada acción desarrolle el transporte a una prisionera desde el Montsacro hasta León desvanecida a lomos de caballo, y esta siga desvanecida cuando se la descarga del jumento en San Marcos. Ya es rapidez lo del viaje, o es largo lo del desvanecimiento.

Y así vemos que los diferentes protagonistas, van de atrás para adelante, por algunos tramos del Camino Primitivo, que por cierto no se despega del triángulo que conforma Obona, Tineo o Cornellana, lo cual no deja de ser un excusa para hacer danzar a unos personajes en una seudo trama templaria que desconocen, como desconocen casi, todo pero se ven envueltos en una confabulación cabalística y mítico legendaria, que por cierto todo el que se pone a ello, y máxime si es judío, pronto le coge el tranquillo, listos que son los hebraicos, que se hacen cabalistas de la noche a la mañana, y juegan con la geografía astur a modo de juego de la oca, relacionando la leyenda de Cornellana, con la supuesta existencia de sospechosa lápida templaria que guarda Obona.

Es curioso ver como uno de los protagonista toma las medias del monasterio de Cornellana, pues eso por el listísimo judío de turno, que pronto descubrirá el número áureo, ignorando que ese tesoro que guardaban los Cluniacenses con sus medidas, fueron alteradas, y por tanto era difícil que el protagonista pudiera obtener su secreto porque el monasterio en ese tiempo había sufrido las consiguientes modificaciones por parte de los monjes Benedictinos, por cierto, es más fácil ver a estos últimos relacionados con el mundo de las creencias rurales, y supuestas herejías, que a los de Cluny que habían entrado en España para enderezar la herejía procedente del mundo visigodo e imponer le modelo romano, ya que ellos eran la ortodoxia romana y católica.

El que la autora diga que el Camino Primitivo era un camino priscilianista, pues me deja algo estupefacto, puesto que ese Camino, no fue otro que el que hizo Alfonso II para ver que carajo sucedía en Santiago, y traerse, fuera lo que fuera para Oviedo, que era la cuna de las reliquias, por tanto ese camino no era tal , salvo que en parte eran la red caminera de penetración hacia el Occidente y las tierras de la Gallecia, que luego a dicha traza se llamó Camino Primitivo, aunque hay autores que dudan de la existencia de ese vieja, tal y como se relata, que por cierto fue en viaje «semiclandestino» ó sea que muy pocos integrantes en el cortejo que fue a Santiago y mucho silencio sobre sus objetivos y visitas en los alojamientos.

Por otra parte, la autora traslada toda su acción novelesca de corte templaria al Occidente asturiano, cuando en realidad los pocos vestigios que hay de presencia templaria en Asturias, están más bien relacionadas con el Oriente asturiano, con la presencia de leyendas de un supuesto Monasterio en Caravia, o de freires blancos por la zona, sin olvidar la presencia en las arquivoltas de Santa María de Llanes de un templario abriendo su capa. Ese si que hubiera sido un buen input para el mapa de las ocas que manejan los protagonistas.

Pero el Occidente asturiano, tanto de interior como el costero, se hayan deficitarios en cuento a leyendas de templarios, salvo alguna pequeña cita cogida con pinzas, al igual sucede con el Montsacro, donde tanto Carlos María de Luis, como yo mismo, fuimos de los primeros en hablar de una supuesta presencia templaria dado el carácter octogonal de la iglesia de Santiago. Le recomiendo a la amiga autora que se pasee por mi Asturias Mágica.

Indicar a la autora que el habitáculo lateral, era de alguna manera la habitación del ermitaño, que residía en dicho monte, donde hubo una comunidad de monjes. A buen seguro que si la señora Ana L. Martin, hubiese profundizado mejor en las cuestiones sobre las que ha pasado por encima, seguro que hubiera tenido mejores fustes para sustentar su relato, y más si hubiera caminado y transitado por algunos de los escenarios, tras lo cual vería que al Montsacro, esta jodido que se pueda subir un carro, y que no se sube en pis-pas, y con eso hubiera articulado etapas más lógicas, y los cronicones hubieran sido más verosímiles.

Para finalizar, el relato que hace del puerto de Avilés, la Inquisición, los cuales pinta como tontos, es algo simplista, así como los protagonistas que fletan barcos a una semana vista, tiene libros de contabilidad “B” y todo ello parece saberlo media Asturias, digo lo de los barcos y no lo saben los guardianes de la ortodoxia, es todo un poco de risa, digamos que la traca final con los puertos y barcos me recuerdan más bien a las novelas y tramas de Jack London, con capitanes contratados, compra de barcos, etc..

El Crucigrama de Jacob, es una novela entretenida como argumento de aventuras, todo el tocado hábilmente, pero no desarrollado, hay tramas y personajes que quedan colgados sin resolución de continuidad alguna, como el Obispo Arias de Villar y sus pretensiones, en cuyo desarrollo s ele pinta como un poco atontado y muy inclinado a concluir la construcción de su catedral, cuando en realidad tenía fama de sabio, ya que demás fue embajador ante el nuevo rey Carlos VIII de Francia.

Pero como digo cuando la historia parece ya agotada, sale a relucir como apéndice final la historieta de la capilla escocesa de Rosslyn, y la presencia templaria unida con Asturias, con unos judíos de por medio, es difícil de creer la cuestión así es la novela de esta autora avilesina.

La cual no deja de ser entretenida como novela para estos fríos días de invierno al calor de la estufa y comiendo castañas que ese si es un producto que estaba en la dieta astur de aquellos tiempos.

En fin, una novelina más para el Camino, manejada por una hábil y ambiciosa profesional del marqueting, que con una más que deficitaria trama, hace que su primer novela se la publique Planeta, se lleva a los alcaldes del Camino Primitivo y algunos otros referentes santiagueros que se prestan a todo, y ahí va pasarela que te crió, Permios Goya, presentaciones varias y realidad aumentada. Ahí es nada, es que astures somos la leche.

Victor Guerra