jueves, 3 de enero de 2019

CAMINO DEL NORTE 2ª Etapa Tremañes (Gijón) Soto de Luiña (Cudillero)

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Tras la buena cena a  base de parrilla regada con sidra  en la casa materna, en la aldea de Tremañes, y recolocadas nuestras cosas, nos dispusimos a emprender el Camino hacia Santiago, tomando como referencia el Camino del Norte.

Pero lo cierto  es que salir de casa andando siempre es una alegría, pero en este caso enfrentarnos al tramo de Gijón- Piedras Blancas, no nos seducía nada, zonas de polígonos, y zonas industriales... por lo cual optamos por dar un salto en el recorrido, para ello tomamos el FEVE en el apeadero de Tremañes para ir al menos hasta la zona de Piedras Blancas, y así fue como nos instalamos en el tren para disfrutar del viejo trayecto del Feve, lo cual  resulta siempre muy interesante.

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Al final el viaje dejó atrás Avilés y Piedras Blancas, y nos colocamos en Soto el Barco, agradeciendo a FEVE, el viaje y que nos regalara el billete hasta tal punto, pues la etapa de 63 kilómetros, se iba a quedar reducida a unos 20 km, que tras la paliza del dia anterior, pues era bienvenida, aunque Maki iba de fresco.

Acoplado el equipaje a nuestras espaldas, colocado el sombrero vaqueiro, y bien apoyada la vara de bambú, a modo de ligero bordón enfilamos camino de Soto, disfrutando de algunas de sus bien cuidadas edificaciones, para de este modo bajar hacia uno de los puntos más peliagudos de cruce en la vieja peregrinatio hacia Santiago como era cruzar el río Nalón, incluso hoy, con nuestras mochilas cruzar el largo puente de la Portilla entre tanto fierro es toda una aventura.
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Contemplamos al paso el monolito a los que aún quedan por las cunetas fruto de las viejas sacas de la Guerra Civil, y también perdemos unos minutos en observar los vetustos andamiajes marinos para subir a las barcas que trasegaban por el río Nalón, y que hoy son toda una estampa de postal.

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Cruzado el puente subimos en prolongada rampa hacia Muros del Nalón, a cuyo paso nos salió una especie de espantajo peregrino, empeñado en secar sus ropas a la vieja manera de los espantapájaros. Un saludo y sonrisa a la guiri peregrina, que se puso tras nuestros pies para subir hasta las primeras casa del barrio de Era, donde la peregrina quedó ya anclada ante la colorida oferta del albergue La Naranja Peregrina, no sé de donde vendría pero allí la dejamos encandilada por tanta novedad.

Nuestra meta era subir a la soleada plaza de Muros del Nalón, para tomar el tentempié y avituallarnos de pan, lo cierto es que el buen sol y temperatura no colaboraba a que uno se levantase de la mesa, pero el deber del peregrino es recorrer el camino y alrededor de la cerveza eso parece imposible, y además veo pasar a la guiri peregrina a toda pastilla una vez se ha desenganchado de su admiración por el albergue ya citado.

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Cruzamos Muros, para buscar la estación de Feve, donde las marcas peregrinas nos meten van introduciendo en caminos más confortables, huyendo del apestoso asfalto. Se cruza la riega Aguilar que ya nos dice que nos espera, pese al buen tiempo las riegas bajan llena de agua de las semanas anteriores, y más que bajarán.

Nos ceñimos a las laderas de Cuesta la Bana para poder subir hacia El Pito, con sus esbeltas edificaciones que se nos presenta al paso: La escuelas, el Palacio de los Selgas, que solo vemos desde la portalada, y el conjunto de iglesia y anexos, cuyo templo conserva el viejo ara del Rey Silo.

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De nuevo tras unas fotos, nos vamos al camino que ahora desfila arriba y abajo por asfalto, de nuevo no sabemos como aparece nuestra guiri peregrina, la cual creo que anda dando saltos por aquí y por allá y como bastante perdida, aunque en la zona de Piñera es bastante fácil si uno no les presta atención a las marcas.

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En el camino nos vamos encontrando con otros peregrinos, algo escasos por estas zonas y en el mes de junio.

Se entra en la parroquia de Piñera, y a la altura de la ermita de San Juan de Belandres nos quedamos a dar un tiento a las vituallas, o sea que tiramos navaja y probamos los embutidos y quesos que nos ha preparado Carolina, y con la bota vino pues alegramos la cuestión del yantar.

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La autovía A-8 ha desfigurado bastante el trazado jacobita, y tras cruza el eje vial que recorre toda la cornisa cantábrica nos ceñimos a las laderas de Montarés. Me llama la atención que el Camino no baje hasta Cudillero y se empeñe en el rumbo Oeste para sacarnos hacia lo alto de la Concha Artedo, que parece el paraíso de los puentes.

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Estamos a algo más de la mitad de nuestra ruta, hemos andado unos 15 km, y aún debemos bajar hacia lo fondero de la Veiga de Artedo, yo tenía idea que había un camino que iba en plano, el cual cruzaba toda la vega hacia Artedo y continuaba hasta Fontán hacia la Cogolla, pero las marcas peregrinas nos sacan en rampa por La Debesa y el Ribete para cruzar otra vez la A-8 y por Pardin y Oturo y dando la vuelta a Pico Mayor hacia Campo Cima, ya en la parroquia de Numayor para tomar una bonita senda que busca en descenso la fuente La Fontona para entrar por El Piñero a los territorios de Las Luiñas, parajes de vaqueiros y xaldos.

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En esta puerta del mundo vaqueiro, no se aprecia aún toda la dimensión de este curioso y singular pueblo ganadero, amante de la trashumancia y que se puede observar con admiración a poco que nos adentramos en los valles interiores por los cuales estos pastores se han ido asentando desde tiempos remotos.

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Las Luiñas, siempre han tenido para mí un cierto encanto que no sabría definir, tras la búsqueda del albergue, al final tras unas 6 horas de caminata, entramos a eso de las 5 de la tarde a las viejas escuelonas del siglo XXI donde hoy se ubica el Albergue  de Soto Luiña. Albergue solo para peregrinos, dividido en 2 salas  y sin cocina, por 6 euros por persona

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El albergue lleno, al menos en la habitación que estaba abierta, me toca una cama alta, que me parece estar en las nubes, a Maki parecido, le digo a la hospedera que a mi edad andar por las alturas y por las noches que malo.

Se planta y me dice que toca lo que toca, al final termina su turno cuando llegan un importante número de  biciperegrinos, por lo cual se abre la otra habitación, en la cual nos colarnos de rondón para dormir a pierna suelta en camas bajeras, pues nos lo merecemos, hoy la ruta ha sido dura, todo un tobogán de repechos.

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Victor Guerra