jueves, 21 de febrero de 2019

CAMINO DEL NORTE 3ª Etapa Soto de Luiña-Cadavedo



14 de Junio 2018



TRACK DE LA ETAPA EN WIKILOC

Lo cierto que tras tanto cameo, el cansancio hizo mella, y apenas sentí que los bicigrinos volvían de su cena, la nuestra fue como siempre algo de comida que venía con nosotros de casa, tortilla y carne empanada, y una infusión en la cocinilla de alcohol y para la piltra, tras acomodar mochilas y dar un paseo por aquello de estirar las piernas.



El problema para lo que no madrugamos para las etapas, es que el personal se echa rápidamente fuera de la cama, y cómo nadie prepara nada para el día siguiente, pues todos son paseos, ruidos. Cuando el personal se va es una delicia echarse un último sueño en la soledad de la habitación.

Doy media vuelta y veo a Maki prepararse, colocando su faja para el tema de la columna vertebral de la que sufre horrores, aunque después del pack de pastilla que se toma, no se yo muy como puede sentir algo. En fín, preparamos las cosas, una infusión y unas galletas y Maki su leche con café y tras saludar a los amigos italianos, nos echamos al camino.


   

Preparando la partida

Poco a poco subimos por la pendiente caminera, de Soto Luiña, mientras el personal va carretera arriba hasta llegar al enclave del Cementerio de Luiña, con la lluvia queriendo ya lamer nuestros bodys y pertenencias.

Llegamos al gran enclave de la variante peregrina de Las Palancas, donde expliqué a Maki, el porqué de esta dura subida por las cumbrales pixuetas, para evitar las famosas Ballotas y sus húmedas veredas. Nadie entendió muy bien ese querer subir a casa dios para quitar dos riegas.

En esas estaba, cuando nos pasan varios peregrinos/as que sigue nuestra huella que deja de lado la variante de Las Palancas.

Seguimos a nuestro aire, y como a unos  3 km , nos desviamos  hacia Albuerne, dejando de lado la carretera Nª 632, dando comienzo a las Ballotas, lo primera vaguada  cruzada por las riegas de Llendebarcas y la riega  Cerro, pero antes debemos ir trufándonos  por entre los caseríos de Albuerne con su significado barrio de “Junto a la Capilla”. Pasamos por delante de buenas casonas mariñanas de desconocida hidalguía. Maki marca el paso “lejia” con su típico atuendo marcial, yo prefiero mis pantalones piratas, sandalias y sombrero vaqueiro de Primart. Es ya parte de mi uniforme peregrino acompañado por la vara de bambú con las floridas cintas del Compañerismo.  

  

Desvío de las Palancas.

Estos días atrás había llovido, y esta noche atrás debió caer una buena, pues cuando nos echamos ladera abajo, ya los suelos estaban impresentables, y al llegar a la riega de Llendebarcas o Lindebarcas , lo que antes era un regato de una salto ahora nos obligaba a dar vueltas a cómo hacerlo. Lo mejor quitar sandalias y cruzar a pie desnudo.

Mientras nos volvemos a calzar, llegan dos peregrinos, el chileno Pedro, y una acompañante femenina, alta y delgada como una espadaña, maniobras de todo tipo por parte del Sr. Pedro que termina dentro de la riega, la alemana más astuta se descalza, tras los cruces nos plantamos en Novellana, ya con el agua arrollando por todos los lados a cuyo paso nos alegra la cara la bonita casona Villa Emilia, can cuidada y coqueta y otras viejas casonas con nombres y alias varios: Casa La Curra, Antón de Crista o El Sordo.



El camino se hace agradable al salir a lo alto de la parroquia de Santiago, que cruzamos hacia un tramo de la Nª  623, para entrar de nuevo a la riega Llargón,  o Llagón, por la Fuente la Funtica   de nuevo toca hacer equilibrios sobre la pequeña riega, pero ahora con una novedad y es que  el camino empieza presentar una amplia capa de barro, y es cuando uno empieza a darse cuenta del porqué de la variante de Las Palancas. Como decía Juand e Bances y Valdés que ejercía de regidor de la zona, «por donde pasa el Camino Real de la Costa, tiene ahora seis o siete vallotas o quebradas, que forman los riachuelos que bajan de la sierra» y no le faltaba razón.


Al llegar al bosque de bambús, esto ya parece la jungla, salimos a Castañera, por junto a Casa Ramiro, pero ya no disfrutamos del paisaje, en medio de una pertinaz llovizna, tan solo nos queda esa consigna de avanzar, avanzar…  de Castañeras nos volvemos a la valleja de Cándano a la que se entra por un camino que nace ante Casa Marcial para subir hacia la aldea que para mi siempre fue un referente Santa Marina, donde pasé algún que otro día en amor y compañía.



Cruzamos como alma en pena Santa Marina, la lluvia nos obliga parar y lo hacemos en Santa Marina, para tomar un caldo en Casa Gayo, casi que, en soledad, pues el resto de compañeros del peregrinaje se ha ido ya por carretera, lo cual hace que se retrasen.


Pero Maki y yo mismo seguimos empeñados en seguir por las viejas veredas de las Ballotas  y tras unos metros por la Nacional 623 nos volvemos a emboscar para bajar hacia la riega  de San Roque para salir a Ballota, cuya pueblo ya cruzamos sin apenas detenernos pues la lluvia me ha obligado a guardar la cámara  fotográfica por seguridad, pues ya lo que se pueda recoger será en mediante el objetivo de nuestra retina. 

Aun así con todo en Ballota, seguimos enfebrecidos en seguir al pie las veredas jacobeas y nos vamos por el profundo valle del río Cabo,  cuyo camino que enfila hasta la misma playa de Ballota se coge ante la Casa Pachín  a la que echamos una pronta mirada  para volver a los repechos  de bajada y subida,  que es otra de las singularidades de estas veredas, pues cruzar los tajos fluviales, supone un continuo diente de sierra que lamina nuestras fuerzas, y más si llueve y perdemos las ganas de detenernos para recuperar fuerzas. Digamos que perdonamos la comida por la cena y seguimos avanzan en completa soledad.


Detalles de la ruta

Realmente no sabemos dónde está el resto de la tropa peregrina,  y proseguimos nuestro camino adelante  tras salir de la valleja del Cabo hasta ganar por el barrio de La Cartería, el pequeño pueblo de Tablizo, muy repartido en pequeños núcleos, y uno de ellos es este por el cual se va el Camino de Santiago, pero damos la vuelta al poco tiempo pues ya es imposible seguir por el trazado original, la barrizada es tremenda, y ya hemos tirado de frente pasando pro tramos  donde nuestros pies se van de lado, sin darnos una firmeza adecuada.

Cruzando las riegas.

Optamos por seguir por carretera adelante, pues ya hemos andado unos 14 kilómetros y quedan unos 6 km todavía para llegar al Albergue de Cadavedo, por tanto en Tablizo cogemos la Nª623  y vamos por ella  pasando por encima de las riegas de Vabliz, de Busmarzo, del Ribón, ya a todo prisa para poder secar ropas y quitarnos tanta destroza de barro y agua.

Soy consciente de todo lo que me estoy perdiendo, pues  ya he pasado por estas zonas muchas veces, y para quien quiera verlo puede seguir la etapa de  Las Ballotas de Xurde Morán, y puede comprobar lo que quedó en nuestra retina.

Coronamos Cadavedo por las Corradas arriba, la cual empieza al pie del Molino de Frieras, no sé muy bien donde queda el albergue, preguntamos a un autóctono espantando por nuestras trazas y nos dice en que Cadavedo no está el albergue, sino que está en la salida hacia Villariba, un poco más allá de la Estación de Feve. Esto me recuerda a Villaviciosa, una gran población que carece de albergue municipal pues este está en Sebrayu, aquí no esta tan lejos, pero hay una tirada y fuera del casco, los que nos lleva hasta una fea casa de dos pisos, tipo escuela.


Albergue de Cadavedo.

Apenas si hay un alto peregrino holandés, y resulta que solo hay una planta disponible con dos habitaciones y en ellas empotradas unas literas. Maki se deshace de sus impedimentas y yo resuelvo lo mismo, montando un tendal una vez lavadas las ropas. El sitio es el que es, y hay que aprovecharlo, son apenas unas 12 o 14 plazas.


Sellando credenciales.

Ya instalados empiezan a llegar el resto de peregrinos, la rusa Antonina, mamá de tan solo 42 años y un hijo de unos 23 años,   luego el alemán Christian, un irlandés y el italiano Paolo, del resto nos sabemos mucho, se han metido en la habitación y no les hemos vuelto a ver… como el francés que venia de Roma, con una credencial kilométrica, del cual nunca volvimos a saber. 

Pedro pronto se hizo dueño de los fuegos de la cocina y se lió a cocinar  mientras las Hospitalera Maite, nos cuenta de forma pormenorizada todas sus cuitas, le doy carrete como dice Maki, y me cuenta vida y andanzas peregrinas y personales, pues tenemos conocidos en común, nos cuenta cómo ha llegado a sus manos este liliputiense albergue. 



La habitación patera en plan tendedero

Al final nos deja y Pedro comparte su cena a la cual hemos ayudado con algunos aportes alimentarios.  Antonina ella está agotada y se mete en la cama donde al final la conseguimos levantar para que tome un poco de sopa, el larguirucho alemán Christian no le hace ascos y pronto sorbe de forma ruidosa la sopa, el irlandés y su inseparable guitarra pasa un poco de todo este barullo, y el italiano Paolo agradece la pasta y queda asombrado por el sabor  y como no el incombustible Pedro de nacionalidad chilena de gran Chez del albergue de Cadavedo.

 
El Chef Pedro  y parte de la vituallas

Al no haber hecho casi paradas, hemos llegado pronto y la tarde de nos hace larga, por tanto, nos vamos al bar cercano a tomar el café y uno chupitos. Pedro se nos acopla y hace buenas migas con Maki, se aventura una intensa relación, pues Pedro ha quedado solo, con un americano que venía, ese se ha quedado no se sabe muy bien por donde, y la alemana se ha quedado en Cadavedo en una casa de aldea.


Esperando para la cena

Nos replegamos al catre con la desilusión de que según el tiempo mañana habrá mal tiempo.

Victor Guerra