miércoles, 13 de marzo de 2019

CAMINO DEL NORTE 4ª Etapa Cadavedo-Piñera


Una noche de calor, pues en un cuarto tan pequeño y con tanta gente y tanta humedad es lo que toca, pero al final el sueño vence y uno cae desplomado por el cansancio, aunque Maki, que dice que no duerme, al final termina cayendo redondo tras el pastillamen para los dolores.


Al final dejamos como casi siempre, que el personal se levante y hagan sus faenas, para luego tener libertad de movimiento, para cuando nos levantamos ya Paolo se ha ido, e incluso la mamá rusa: Antonina y su hijo, se han ido y de los otros nada sabemos, solo quedamos Maki, y yo recomponiendo mochilas y preparando el desayuno ,sin prisas pues el día esta como está, y no merece la pena correr para coger más agua.



El final de etapa no está claro, pues además tenemos el lío de hacernos con las medicinas para Maki, las cuales enviará nuestra hermana Marta desde Gijón, o sea que nos echamos de forma tranquila al camino marcado de forma correcta, tomando rumbo Oeste hacia Villarriba, aunque para nuestra sorpresa vemos venir a toda pastilla el peregrino irlandés que ha olvidado algo en el albergue.


Vamos pues nuestro sen, como siempre cada uno metido en sus cosas, Maki, con los cascos de la radio puestos, y yo metido en el viaje y pensando en donde recalar al atardecer y como ir afrontando la intendencia. A la altura de la ermita de la Asunción en Villarriba pillamos al amigo Pedro el Chileno, con su enorme mochila, pues lleva la casa a cuestas, y como ya es natural en él una bolsa en la mano, como dice Maki, la fina estampa de un «carrilano».

Contemplamos al paso las pocas muestras que hay en el Camino, pues en ese sentido el Camino del Norte, es más ambiental que patrimonial, por tanto lo que vemos a nuestro paso son modestas casonas con resonancias indianas y tientes modernistas, viejas casas campesinas algunas muy antiguas.

Los kilómetros van cayendo, pasamos por La Cruz, para de este modo pegarnos a la Nª 632 y ganar el caserío de La Venta, teniendo a la izquierda los suaves contrafuertes de la sierra del el Viso rematando la Sierra de Ranón. Los topónimos de los lugares van dando pistas sobre el acontecer de tránsitos por estos lares.



En ese medio trecho, Pedro se pega a nosotros y nos va desgranando parte de su vida a modo de un carrilano buscavidas, que se vino a España hace años de exiliado político, como hijo de un famoso personaje chileno, y por acá lo tenemos como se dice en forma castiza «de la ceca a la meca»

Pasamos a Querúas y nos metemos hacia el enclave y encrucijada de caminos que es Canero, no sin antes visitar en la Iglesia de San Miguel y las viejas casas de sus entornos. De aquí ya sale Paolo, que va ligero y casi sin peso, pero el mantener los ritmos es lo que tiene que al final uno va cogiendo a casi todos.


Sigo en esa idea de odos camio, y meta fin, como dice José Ramón Méndez de Luarca «por un camino orientado hacia un fin, o sea el camino acertado». Esa es la idea de hoy seguir al Oeste sin prisa pero sin muchas pausas.

Canero ha ido un interesante enclave de caminos, y uno de ellos de tránsitos de acémilas y peregrinajes varios es que sale de aquí y se va cruzando hacia La Espina, (Salas) es un camino muy olvidado que comunicaba el Camino Primitivo con el Camino de la Costa, y al que ya tengo pillado el trazado, y recorridos algunos de sus tramos, solo falta enlazarlos. Puede ser una buena experiencia.

Llegamos a la puerta del restaurante de Canero, con un buen servicio y atención ya de los pocos Restaurantes-Hoteles que le quedan a esta carretera Nacional, hasta la barra del bar para probar su buena tortilla llegamos Maki, el que suscribe, y Pedro del que ya vamos tirando, y al que a partir de este momento lo adoptamos como compañero de grupo, ya que sus otros compañeros y patrocinadores le han abandonado. Le prestamos la ayuda que necesita, y tras unas cervezas tomadas con tranquilidad, y proseguimos el Camino.


Ahora toca cuesta arriba, dejando el ramal de la Playa la Cueva, pues todavía tenemos que llegar a Luarca. La subida se hace pesada y en silencio , vamos dirección a uno de los lugares más peculiares en cuanto a la cuestión funeraria, tras ganar el alto de Caroyas y de pasar por El Calvario, 


Tras ello terminamos delante  de una construcción de ladrillo visto metida en el bosque de pinos, se trata del Cementerio musulmán de Barcia, algo único en Asturias, y de bastante mal fario, pues aquí se enterraron las tropas moras que venían con las tropas gallegas a sofocar los restos republicanos por parte del golpismo franquista. Como recuerdo de ese suceso nos queda este cementerio al que he dedicado varias entradas en mis blogs sobre cementerios, y que sino fuera por la parroquia de Barcia, esto habría desaparecido.

Iban a recuperarlo los Tabores de Regulares en su aniversario, pero la crisis se llevó los dineros y las ilusiones, y ahí está durmiendo la paz de Alá.


A partir de aquí entramos en Barcia pudiendo admirar las villas indianas camino de Luarca, cogemos a Antonina y a su hijo y nos hacemos unas fotos al pie de Luarca, les invitamos a que visiten el Cementerio marino de Luarca, mientras nosotros nos vamos al centro de la villa de Valdés para esperar a que el recadero nos traiga las medicinas de Maki, y mientras nos asoleyarnos con unas cervezas en la zona del puerto.


Estamos en Luarca la tierra de César ÁLvarez Cascos, aquel viejo masón que levanto varios talleres masónicos en la zona , y donde tuvo un fuerte encontronazo con Doña Rosario de Acuña, y que tantas pestes echó sobre Luarca. Es una pena que en tal excelsa villa no haya un recurso a Cesar Álvarez Cascos y sus pasiones masónicas.


Nos reagrupamos una vez recogidas las medicinas, ya subimos por la Ermita de San Roque hacia el Palacio de San Justo que andan de fiesta, pasamos por delante de los restos de la vieja iglesia y cementerio de Santiago, para después cruzar la Nª 634 en Villuir para ir sobre la rasa costera pudiendo ver la recta de Otur y sus acantilados al fondo. Vamos encajonados entre la Autovía del Cantábrica y la famosa Nª 634.


Esta parte del recorrido se hace largo, pues ya llevamos unos buenos kilómetros cuando emprendemos la subida hacia el Pico Faro desde el caserío de la Hervedosas, con unos 26 km de andadura, ya que además la existencia desde la A-8 nos obliga algún que otro rodeo, sin que sepamos muy bien donde han quedado los compañeros peregrinos de Cadavedo, me imagino que por Luarca.


Maki se adelanta, y voy tirando del Sr. Pedro que se va quedando rezagado, pasamos al otro lado de la vertiente del pico Faro dando vista al valle de Villapedre, a cuya localidad se nos hace largo llegar, aunque está claro que el albergue que he tomado como punto pernoctación es el de Piñera.


Tampoco es que la zona haya muchas otras alternativas, bien en Luarca o en Almuña, o sino Piñera, y luego hasta La Caridad no hay nada más, o sea que solo está la solución de quedarse en Piñera, pues además Pedro ya no puede más después de la caminata, y además como ya se deja sentir el sol, ha quedado un día estupendo pues se hace más penoso el caminar.

Maki se adelanta, y le pillamos en el bar de Villapedre tomándose su clásica San Miguel, le animamos a apurarla para llegar todos juntos al albergue de Piñera, que acaba de ser reabierto, con gente joven y abierta, en su interior solo dos o tres peregrinos, todas mujeres y extranjeras que se ponen distancia, lo cual influye no solo la barrera de la lengua, sino que además ellas han encargado la cena en el albergue.


Tras la ducha y la instalación de nuestras cosas, salimos al patio trasero de la antigua escuela para poder cocinar, y así entre nuestra cocinilla de alcohol y el infiernillo de gas de Pedro que pasa a ejercer las labores de cocinero del grupo, nosotros le procuramos las vituallas y alguna que otra invitación y algún dinero de bolsillo, y el Sr. Pedro se encarga de realizar las comidas. Genial llegaremos gordos a Santiago.




Tras un buen rato de parloteo, al final damos cuenta de la cena, una sopa y algunos trozos de embutidos y queso y unas infusiones y de nuevo a la piltra, aunque tendremos el roncón de la peregrina belga que resopla a modo de percherón acatarrado y que en el gran aula que hace de dormitorio todo él semivacío hace de eco. Pero los kilómetros y el cansancio vencen. Mañana será otro día.


Al final una etapa de 33, 6 km  y 768 mts de desnivel acumulado con casi 9 horas entre que salió de un albergue y hasta que se llegó a otro.

Victor Guerra