viernes, 22 de marzo de 2019

CAMINO DEL NORTE 5ª Etapa Piñera-Tapia de Casariego



«El pensamiento solo se expresa en términos de distancia de horizonte, de universo, de paisaje, de lugar, de sitio, de caminos».

Tras una noche de ronquidos de esos de poner los pelos como escarpias, debido a la profunda noche del ballenato belga, que respiraba mala ostia por todos los poros, empezamos a dar cuenta de nuestro desayuno, que el chef de cocina nos preparó con aquello que teníamos que no era mucho, menos mal que mi amiga Blanca al paso por delante de su casa, nos obsequió con unas patas que han sido el alimento suficiente para dar unos primeros kilómetros..

Hemos aprendido a no cargar con muchas provisiones, pues en esta parte de la región hay bastante lugares donde aprovisionarse, sin tener que gastar mucho dinero, pues el presupuesto como siempre va justo, nos deberíamos de pasar de los 400 E por persona, aunque auxiliar al amigo Pedro, nos creará algunos desajustes.


Salimos pues de la zona de confort que supone el Albergue de Piñera, ahora solitario, y nos ponemos en camino, tropezando con la primera riega donde el amigo Pedro casi se ahoga. El día no presenta buen aspecto al menos a primera hora de la mañana, pero vamos saliendo de la valleja y alcanzando los primeros pueblos, cuyo núcleo de desperdiga a lo largo y ancho de la rasa costera.

Siempre me ha gustado la rasa occidental asturiana, son esa brisa permanente, pues al ser tan abierta los vientos la castigan a los cuatro costados, además ahora la Sierra de las Palancas no nos cobijan. Por cierto, me llama la atención de los peregrinos del Camino Primitivo, con la etapa de Hospitales, que tanto se venera a modo de hombría o de sufrimiento peregrino, frente al camino de la Faba, y luego cuando se hace el Camino de la Costa, con el Camino de las Palancas no se establece el mismo debate. Cosas de peregrinos y de los poderíos.

El primer poblamiento la tierra del amigo poeta Adolfo Gustavo Pérez, Villaoril, supongo que alguna fachada habrá alguna placa en su recuerdo y memoria, el buen poeta y una buena persona, con la cual mantuve mucho contacto, y hoy en el Oriente Eterno, hoy descubro con su ejemplo lo poco que se necesita para ser feliz.

  

Tras dejar atrás Cartavio, al hacer un quiebro extraño sobre la vía del FVE , nos encontramos con la vieja amiga belga, metida de lleno en plena granja vacuno, de donde la sacamos pues Maki, digamos que pasó de ella, la buena señora plantada en medio de la Ganadería Eloy porfiaba de que ella quería ir a Santiago por Viveiro, y quería que estuviera señalizado, para así subir a Villalba, pero no le valían los autobuses y el tren, ella quería un Camino de Santiago a capricho, ya le dije cansado de la monserga que el único Camino que Santiago era el que nosotros llevábamos y que a Dios muy buenas. 

No debió sentarle muy bien la cosa, pero no hacía nada más que quejarse de los españoles y que no hubiera caminos por donde ella creía más lógico. Allí la dejamos repantigada.


De nuevo cruzamos otra Venta camino de Navia, a cuyo poblamiento entramos pasando por un hito peregrino como es la Ermita de San Roque, con un tiempo que va a mejor y la grima del viejo a amigo Pedro con una mochila cada vez más llena y más torcida.

 

Finalmente, el descenso nos lleva a Navia, nos lleva ante la casa de los famosos notarios Calzada, padre e hijo, el segundo fundador en Argentina de la ciudad de Calzada, y ambos miembros de la masonería asturiana del siglo XIX, Pedro se sorprende de que no haya testigo masónico de tal hecho, en la casa natal de ambos, como por ejemplo un compás y una escuadra, pero eso no parece ser posible en la España de hoy. Seguimos caminando y hablando de masonería ya que el padre de Pedro, ha sido también un notable masón chileno.

Al final desembocamos en el puerto de Navia, que en su tiempo tuvo un buen hospital, no será en el hospital sino en un bar donde nos refugiamos por unos instantes para tomar un café y donde obligamos al compañero Pedro a rehacer su mochila y a desprenderse de algunas cosas, que le van lastrando y cuyo peso y poca utilidad no justifican el que arrastren tantos kilómetros.

Tras un descanso y tras avituallarnos para el camino, tomamos camino del Espín y por Jarrio vamos dando algunos tumbos pues la A-8, ha alterado todo el camino y cuyo remonte nos ofrece una preciosa vista de Navia con los dos modernos arcos de la Autovía que le dan un aspecto muy moderno a la zona, y aunque hoy subimos cómodos, antaño era preciso hacerlo mediante barcas y estas parece ser eran propiedad del Marqués de Santa Cruz de Castropol y de un vecino hacendado Francisco Trelles, de las cuales sacaba sus buenos cien ducados libres para cada uno y los precios de esos cruces en barca le costaban al peregrino unos cuatro maravedíes, y ocho por la caballería.


Nos vamos entrelazando con la N-634 a la altura de El Esteler para pasar por Cartavio hasta llegar a La Caridad, hasta estos predios llegaba la comandaduría de priorato benedictino de San Juan de Corias en el siglo XVIII, por estas tierras pasaron el señor de Montigni y Manier en febrero del 1502, y en cuyos predios, más bien en los de Navia fallecieron peregrinos y viajeros, que son los que nos van dejando su huella al menos en los papeles, pues de sus enterramientos no queda ni rastro.

En la villa murió un bohemia de nacionalidad, no de carrilano com o el amigo Pedro y un tal Matías Sporce en 1755 y dos años después Jacobo Keller, era tudesco y en 1762 entregaba su alma a Dios Jorge Pistón natural de Cerdeña, y dos vascos franceses y un logroñés de Calahorra, un tal Matías Sáenz en 1764, así como un matrimonio de Bohemia que también dejaban ambos su cuerpo en la zona, sin sepamos la causa de la doble muerte de la pareja.

El Camino del Norte, daba la sensación por los rastros de muerte que deja que debían venir ya peregrinos mayores, cuyas peripecias peregrinas a lo largo de toda la costa cantábrica debía de acabar con ellos.

El camino va alejado de los acantilados marinos, dejamos atrás Arboces en cuya posada de aquel tiempo durmió Guillermo Manier (1726) en que es algo que los peregrinos no autóctonos se sorprenden estar cerca del mar, poder oler el salitre impregnado en el aire, y en cambio no poder verlo, lo cual no será posible hasta la playa de Porcía, las viejas leyendas hablan de Miudes y de un viejo monasterio que ya en 1042, época muy temprana recogía «remaneant habitantibus in eis in hospitibus suscipenndis et sumptibus suis», aunque hay quien dice de que no tenía tanto trato con los caminos peregrinos, lo cual en parte es lógico dado la temprana edad del establecimiento.


Es creo que entre Arboces y el núcleo de La Caridad que hay un hermoso y recoleto albergue en cuya mesa exterior nos detenemos a comer de los fiambres y quesos que llevamos encima. Una pequeña siesta pues el día rejuvenece con el sol.


Seguimos caminando hasta La Caridad, cuyo núcleo tiene una bonita estampa de entrada, deja paso a un poblamiento más bien feo, aunque en su tiempo atrajo a muchos peregrinos, por la fama del Santuario de Nuestra Señora de la Caridad, aunque hoy el nombre no haga justicia al precio de las habitaciones dobles para peregrinos a 40 E por persona, menos mal que es un precio especial, aunque hay un albergue La Xana a precio de los albergues privados de buena alcurnia gallega.

En la Caridad pues eso un café y seguimos la estela santiaguera de las viejas señales de la década de 1990, aquí Maki, ya arranca y me voy quedando para tirar de D. Pedro que esta medio agotado pues estamos ante una etapa de 27 km, y aún nos quedan al menos para terminar unos 10km.


Pero el tramo entre La Caridad y Porcía, bien merece andarlo de tranquis, y atentos pues después de cruzar la bahía de Porcía, por estas latitudes se bifurcan los caminos, el que va hacia Castropol y Vegadeo, y el ramal que por va a Tapia por Salave, que será el que tomemos, pues no me seduce nada virar hacia Vegadeo, prefiero poner rumbo al Oeste hacia tapia para cruzar luego la ría del Eo, por el Puente de los Santos. Se que me dejo media historia peregrina. Pero ya la tengo andada y conocida, y prefiero seguir por la rasa costera.


Pedro se va sentando a cada poco, pues el calor aprieta, y como no le dejé bañarse en Porcía, ni seguir el GR-9 que va buscando los acantilados, este ramal por los Campos de Salave se le hacen largos y pesarosos, a pesar de que en un par de horas llegaremos a Tapia de Casariego, lugar donde Manier, el peregrino andaba escaso de maravedíes y se dedicó a mendigar para comer, señal de que venían bastante justos dichos peregrinos, en esa mendicidad por Tapia obtuvo cinco sardinas, diez huevos y cuatro o cinco libras de pan, o sea más de dos kilos pan, por lo que podemos decir que la labor pedigüeña no le salió tan mal al señor Marnier del que se recoge la crónica de su viaje por estas tierras astures camino de Santiago.


Al final entramos en Tapia, y nos falta Maki, que pese a haberle comentado la cosa, se fue por el Camino de Tol, o sea vueltas y revueltas, y todo por el capricho de dormir en Tapia.

Le esperamos en el liliputiense albergue, que anda de reformas, todo huele a nuevo, eso sí a un precio distinto del que hasta ahora había, ahora son 8 Euros, con desayuno incluido, aunque debemos dormir en la parte de abajo a pie de puerta, pues lo que antes era estancia de comida y almacén, ahora ha sido reconvertida en habitación y garaje.


Al final estamos cansados, pues no en vano hemos hecho unos 30 km, pero el día esta bien y nos damos a la pitanza una vez recobramos a Maki, y para alegría de Pedro, que reaparece una de sus amores virtuales, la valenciana María que uno no sabe donde la perdió y el la otra no sabe muy bien por donde anduvo. La vida del peregrino. María con lo del precio tuvo un rebote importante, pero bueno las cosas se fueron calmando, aunque las explicaciones de los nuevos gerentes, uno madrileños que lo han cogido por concurso, dan explicaciones que no convencen mucho, y ya uno ve que esto mal camino lleva.

En toda la ruta hoy nos nos hemos topado con el resto de peregrinos  con los que compartimos desde Soto Luiña camino, habrán tomado la variante de Tol, o estarán por detrás nuestra.


Pues el albergue se convierte en el eje de observación de los niñatos de Tapia, y por allí rondan toda la tarde. En fín, no ha sido una buena elección, pero los cuerpos no dan para mucho más.



Mañana más... y más camino.

Victor Guerra