viernes, 5 de abril de 2019

CAMINO DEL NORTE 6ª Etapa Tapia de Casariego-Vilela



La noche, tras el cansancio, fue tranquila, a peor vino mejor colchón. Los madrugadores peregrinos se fueron sin mucha escandalera, eso sí llevándose como casi siempre nuestros desayunos, dejando el pan, pero la fruta y los quesitos desaparecieron…



En fín no fuimos con el mal tiempo por la puerta del albergue algo tempraneros, pues los bares de Tapia estaban cerrados y no hubo manera de tomarse un desayuno en plan. En las aldeas de Asturias cada vez es más difícil tomarse algo antes de las 8 de la mañana.


Encontrar las huellas del Camino en Tapia nos resultó un tanto dificilillo, aunque nosotros seguimos el trazado de la GR- 9, por tanto, dejamos Ventanova, Rapalcuarto y Pedralba, fuera de nuestro trazado, que tiene algo más de gracia al pasar por la recóndita playa de Aguileiro, para de este modo subir a los predios del camping Entreplayas y dirigirnos a la playita y castro de Esteiro.

Luego vienen las tiradas largas por la rasa costera, donde ya empieza el tempo a escampar entre Villamil y Santa Gadea, aunque nos vamos encontrando algún que otro peregrino, tanto de largo recorrido como de los que van haciendo un par de etapas y vuelven a su casa. El Camino da para mucho.


El paisaje ha cambiado totalmente, los espacios abiertos, la piedra y la pizarra conforman el paisaje antrópico de la rasa costera occidental.

De Santa Gadea, que tanto me recuerda a los romances del Cid, y nos dejamos caer suavemente hacia la amplia playa de Penarrronda, donde Pedro queda entusiasmado con el arenal. Remontamos un poco para cobijarnos un rato en el bar que corona el espacio singular de Penarronda.


El Camino se va hacia Dolebún, y aunque estuvimos estudiando el irnos hacia Vegadeo y abordar el camino d Abres, al final tira más llegar directamente a Ribadeo y darnos un homenaje pulpeiro, pues es paradójico mientras uno no llega a tierras gallegas no hay manera de comer pulpo.


Pedro sigue con su montaje mochilero de carrilano, colgando todo o de su mochila o de los brazos. Y así enfilamos las últimas rectas, dejando también de lado el GR 9 que serpentea por la costa por Punta de La Romela y Punta de la Cruz.


Digamos que pasamos de la tourné turística por la costa y nos vamos directamente al Puente de los Santos, para cruzar la ría del Eo, que ofrece una interesante vista.

Antiguamente cruzar esta hermosa ría era todo un lío, el cruce en barca desde Figueras debía ser caro y peligroso, de ahí que el personal peregrino virase al Sur a Vegadeo, y luego subiese hacia Abres. Nosotros cruzamos el puente y nos colocamos en As Barreiras, a la entrada de Ribadeo, que ha crecido a costa de los pueblos de alrededor, bien asturianos o gallegos, y se ha convertido en un importante faro urbano, perdiendo la batalla Vegadeo.


En ese sentido Asturias, se ha dejado comer la pancheta, se ha quedado mirando el ombligo de Oscos, mientras algunas zonas como Tapia hacía el agosto urbanístico, pero  Vegadeo se iba a pique, y le ha ido ganando por la mano Galicia, lo cual siempre me ha llamado la atención pues uno ya escucha las emisoras gallegas en Luarca, y eso choca. Lo mismo pasa en el  Oriente entre Colunga y Ribadesella ya entra las emisoras cántabras, y al gobierno astur no parece importarle.



A la entrada de Ribadeo un mojón del jacobeo que recorremos, nos dice que estamos en un camino complementario y otro nos indica que nos quedan 189, 498 metros hasta colocarnos ante el Pórtico de la Gloria.

Como buenos Ordo Viator nos adentramos en Ribadeo, buscando la tasca pulpeira de los paisanos, pero para nuestra desgracia se encuentra cerrada, al final para no dar más vueltas concluimos en el local de referencia Casa El Villaronta, que ha virado a una imagen más moderna y «pija», que era lo que no buscábamos, pero no podemos quejarnos unos taburetes que no entiendo por qué tienen que tener dicha altura y una respuesta pronta, eso sí al final la broma unos 55 Euros, no estuvo mal para tres comensales. Eso sí al pagar, el «manazas» del propietario, pasó tantas veces la tarjeta que me montó el lío pues terminó bloqueada. Por lo demás genial para una caminata de casi 14 km., no está nada mal.

Como el día estaba bien, y quedaba tiempo para que abrieran los establecimientos para poder comprar vituallas para el Camino, nos fuimos a dormir como buenos Viatores, la siesta al parque de Ribadeo bajo la atenta mirada de Dionisio Gamallo Fierros, en ello estábamos cuando aparece el irlandés de la guitarra y Cristian, a los cuales conocimos en el albergue de Cadavedo. Un saludo y cada uno a lo suyo.


Nos vamos de compras y a la salida de Ribadeo camino del destino alberguista que nos hemos propuesto para rematar el día en Vilela,  en eso que nos topamos de frente, de nuevo con María que había desaparecido toda la jornada, se nos une a la troupe. 

En Ribadeo e Oeste deja deja de ser una rumbo perenne, ahora nos vamos al Sur y por Ove emprendemos una larga ascensión por Santa Cruz, por un solitario carril al que solo escolta algún que otro caserío aislado como O Valín.


Le vamos dando a la bota de vino de Maki, y nos vamos riendo las bromas, hasta llegar a O Río de Ramos, donde empatamos con la carretera que por A Casa da Hadra, al final ganamos el albergue de Vilela, un tanto solitario, con un bar en las cercanías.

Nos instalamos en el albergue en busca el rincón más tranquilo, aunque la hospitalera no tarda en aparecer, las instalaciones buenas y confortables, eso si como todos los albergues de la Xunta de Galicia, no tiene para cocinar, y tras la amabilidad de la encargada del albergue, que viene a cobrar y se va, está la cara de mala ostia del personal del bar de Vilela que es como sino se lo debieras, allí como no había manera de preparar la gallofa, nos fuimos a cenar cada uno a su aire al bar de los «malencarados».


La verdad es que dormimos casi solos, tres jóvenes italianos, y tres o cuatro alemanes abonados a la cerveza. Por lo demás una ruta sin mucho que contar, pues también el camino tiene esas cosas, días de trasunto, pues quitando la zona de Penarronda, el camino gallego hasta Vilela es el típico de ir envueltos en medio de los pinares y ocalitales, y por tanto inmersos en nuestras cosas, escuchando al amigo Pedro, cuya comida y siesta en Ribadeo, le sentó cojonudamente. Así se puede caminar.


La próxima etapa hacia Mondoñedo, la tierra de Leiras Pulpeiro.


  • Victor Guerra