domingo, 21 de abril de 2019

CAMINO DEL NORTE 7ª Etapa Vilela-Mondoñedo


Peregrinos en Lourenzá
Tras una buena noche, tranquila a salvo de ronquidos y «movimientos del personal», de nuevo nos ponemos en movimiento para afrontar el trazado que por Lourenzá nos llevará sin mucha pérdida hacia el destino final de esta jornada: Mondoñedo.
Un café con los «simpáticos» dueños del bar aledaño al Albergue, a los cuales les viene ni al pelo el topónimo del lugar como Casa da Pena.
  1. TRACK DE LA ETAPA
  2. FOTOS DE LA ETAPA


Ya está la troupe preparada y nos vamos por Celeirós bordeando el Monte de Foxas, pasando por varios caseríos aislados, lo cual me recuerda tanto a la estratificación espacial de los vaqueiros astures.
El dia se presenta tristón, y vamos calentando articulaciones, aunque pronto nos pasan los «come caminos» de turno, en este caso una pareja, madre e  hija  que tienen toda la pinta de comerse los cruces a porrillo.
Vamos yendo hacia el valle de San Vicente, evitando la carretera LU-133, al transitar por un camino paralelo que cruza toda la aldea de San Vicente,  y A Ponce, para lo cual se cruza la carretera que he citado concluyendo tras el ascenso en A Ponte, ante su coqueta capilla. Como siempre Maki abre camino, mientras voy tirando de D. Pedro que va acusando el cansancio, sobre todo cuando llegan las cuestas. Los años, y los kilómetros pesan.
Hoy tenemos por delante una buena tirada. Ahora unos 5 kilómetros tranquilos por amplias pistas que van por las laderas de Costa de Arante y el Monte da Aguá para entrar en Villamartín Pequeño.
Los mapas indican que el camino desfila por la carretera LU-P 5205, supongo que para luego subir de frente a Villamartín, bordeando el Pico San Juan, en este la posible variación va a media ladera  para entrar más cómoda en la aldea donde nos solazamos con un extenso descanso en el coqueto bar Tentempé.
Natalia y Carmen, madre e hija atienden este pequeño oasis, una tienda-bar liliputense, donde nos quedamos un buen rato saboreando una rica Estrella de Galicia, y Maki su inevitable San Miguel, y D. Pedro una caliente infusión. Al final llegan las famosas correcaminos (madre e hija) que paran también a repostar, y aprovechamos para hacernos unas cuantas fotos ya que estamos todos juntos, mientras nos relajamos un tiempo.
De nuevo al Camino, para de este modo ganar Villamartín Grande, aldea un poco  más grande, pero  cuyos servicios no parecen atraernos a ninguno de los peregrinos que transitamos por estos lares.
Visitamos su capela (capilla)  a la Virxen del Carmen para pisar después por un buen tramo el asfalto de la CP 06-09, unos 4, 2 km., pasando por Gondán y sus viejo albergue,  que no parece estar en uso, más adelante  está Pedrido hasta y terminaremos desembocando  en O Corveiro.
Son tiradas ideales para emboscarse en las reflexiones propias de los caminos y los caminantes.
Pues los trazados son muy sencillos, apenas si hay giros, y el paisaje es muy semejante, digamos que hay poco espacio para fantásticas aventuras más allá de supervivir un día más, para los paisanos, y aquellos otros que vemos devorando kilómetros, observando el paisaje y paisanaje. ¿Me pregunto que opinaran estas gentes de tanto trasiego en pòs de una veleidad como Santiago?
Mientras busco repuestas, una vez  más salta a la vista quien tenía la fuerza en estos predios y quienes de verdad controlaban el paso de viajeros y peregrinos, no era otro que el clero y los viejos caciques del terruño, todos ellos ..
.
 Aunque eso lo veremos más adelante en las grandes villas como Lourenzá o Mondoñedo.
En O Corveiro, nos asalta la invitación de volver a transitar por los viejos trazados camineros que cruzan a lo largo el Monte Calvario, en cuyo tránsito nos tropezamos con algún recuerdo funerario de peregrinos que han pasado al Oriente Eterno, hoy se recuperan los cuerpos y se devuelven a sus gentes. Antes una sencilla tumba en el camino o en una iglesia y ahí se acababa todo el tránsito peregrino. ¿Me pregunto si en  siglo XV se comunicaba la muerte de un peregrino en el Camino…? Supongo que sería muy difícil.
En Campo do Rey, tras visitar la coqueta ermita de Santa Cruz, se va bajando hacia la gran villa de Vilanova de Lourenzá, donde llegamos a eso de la 2 de la tarde, buena hora para echar un bocado. Mali se ha adelantado y nada sabemos de sus andanzas.
Se impone la compra de pan y con las viandas que llevamos, es el momento de busca refugio, al pairo del Monasterio de San Salvador, y en un rincón damos cuenta de lo que llevamos encima, queso, chorizo y alguna que  otra delicatessen,  ante un  pequeño grupo de mujeres musulmanas que nos miran con mucha atención, pues les llama la atención mi Kufi, y no acaban de entender nada, deben pensar que soy un extraño مسلمان , un musulmán, pero haciendo el Camino, no me quitan ojo y cuchichean.
Gorrito el Kufi, que ya me costó un cierto encontronazo en el albergue de San Esteban de Leces con una ultracatólica alemana, empeñada en sacarme del Albergue por musulmán… en fin la ignorancia es muy superlativa en muchas gentes..
Al amparo del monasterio nos echamos una siesta antes de volver al Camino.

De Lourenzá, creo que seguimos la famosa Senda de San Rosendo jalonada por las conocidas señalizaciones de Caminos Naturales.
Subimos pues hasta la Quintana dos Mortos de Lourenzá, ya muy reformado, para ganar en la subida el núcleo de A Voltiña, pasando por delante de la Ermita de Ntra. Sra. de Guadalupe, y también se alcanza unos metros más allá  la aldea de San Pedo con su ermita dedicada a tal personaje.
Seguimos en paralelos a la N-634 y de la Autovía, hasta alcanzar los senderos que por O Reguengo  y San Paio, nos permiten hasta entrar de la obispal villa de Mondoñedo, que nos muestra bien a las claras quien detentaba el poder en  la comarca.
Hemos cubierto una etapa de unos 30 kilómetros con unos 970 metros de desnivel y estamos en un albergue de la Xunta, enmarcado en un viejo edificio noble en la parte alta de la villa, y en el cual nos reencontramos con Paolo, y Con algunos otros peregrinos más…
Nos damos a los trabajos de instalación en el reducido espacio, y recompensar al cuerpo de tanta fatiga, aunque no será tanta com o para bajar a la villa y pasear por una rocosas calles, contemplando Puertas y Portones, y visitando al viejo republicano mindoniense Leiras Pulpeiro, médico y masón, muy querido en estas tierras, aunque no tengo claro que ese amor y cariño proviniera de las gentes de cogulla, que tanta saña le persiguió, y que una vez fallecido le negó tierra santa en el Cementerio, dicen las crónicas que ante ello los parroquianos fueron trayendo de los otros cementerios una saquitos de tierra para sepultar a su médico protector.
Es toda una lección de historia que a buen seguro que los peregrinos ignoran y que nada se les cuenta de estos cuando se encuentran con el memorial pétreo de Leiras Pulpeiro un poco antes del Albergue.
Pronto nos recogemos, pues la villa hace lo mismo, y hay pocos lugares en la eclesial Mondoñedo para entretener la venida de la noche.
Pues eso a la piltra, con un buen par de apretones a la generosa teta del vino, que se deja acariciar para derramar el buen fermento de uva.
Mañana más.
Víctor Guerra