domingo, 26 de mayo de 2019

CAMINO DEL NORTE 9ª Gontán-Villalba



El llegar con tiempo a los albergues, pues la etapa en esta ocasión no fue muy larga, y sobre todo cuando se llega a los albergues Institucionales gallegos de la Xunta, resulta interesante en la vida peregrina, pues estos alojamientos en general son amplios y con servicios, por ejemplo muchos de ellos cuentan con lavandería, lo cual en este caso tras la comida aproveché para hacer colada, y repasar nuestras mochilas, que siempre está bien, por aquello de no llevar «pasajeros», y además es bueno de vez en cuando ponerla en orden.


Mientras Maki, se pierde prontamente en pos de su sello San Migueliano, cuya marca de refrigerio debería darle un diploma especial, aunque cada vez es más difícil serle fiel a tal marca, pues en ya franja norteña empieza a imperar Estrella Galicia.


A Gontán, de donde ahora partimos llegaron a su vez unos cansados unos peregrinos guatemaltecos, dos señoras y fatigado maduro, acompañados de una irlandesa, que volveríamos a ver más adelante, y que se hicieron con las ultimas plazas del albergue.

Es curioso esto de las presencias extranjeras en el Camino, pues si bien ahora en el 2019 se ven muchos peregrinos del Este, y esto se achaca a la caída del Telón de Acero comunista, y a la proyección del Papa Wojtyla, hace junto con otros predicamentos novelísticos y de curiosidad que se den el Camino diversas nacionalidades como los guatemaltecos que a Santiago llegaron en el 2018 unos 122 peregrinos, o sea un 0,04 %. Sin embargo, de Polonia arribaron 4.785 peregrinos un 1,46%, en cambio irlandeses 7.548, o sea un 2,31% y procedentes de Polonia un total 4.785. Los países que menos peregrinos han aportado en el 2018, ha sido por general los países africanos. Siendo así que durante el siglo XXI, el Camino se ha universalizado, bajo diferentes nacionalidades, culturas y creencias y no- creencias.

La etapa que hoy tenemos por delante presenta un perfil más halagüeño ya que no en vano estamos en la Terra Chá.


Salimos de Gontán siguiendo las vieiras de bronce y hierro espetadas en el suelo, cruzando de este modo el famoso pueblo de Abadín conocido por sus famosas ferias y pulpo, aunque nunca lo he catado este poblamiento.

El trazado del Camino va paralelo a la Nª 634, pero un poco más al interior, desde el mismo Abadín ya se entra hacia Fernandaño y Santa María de Abadín, lo cual vamos trajinando a la vez que me dedico a fotografiar algunos elementos etnográficos como fuentes y puertas y ventanas.

Pronto se dejan ver las veredas galaicas envueltas en ese ambiente mañanero, medio niebla medio lluvia, en medio del cual va apareciendo como espectros mis dos compañeros de peregrinatio: Maki y D. Pedro. A nuestro paso quedan las huellas publicitarias de lo que la Xunta gallega gasta en sus Caminos santiagueros, que es un pastizal, y más ahora que vamos Camino del Xacobeo 2021.

Se deja atrás Santa María de Abadín, cruzando el río del mismo nombre para entrar en el esparcido núcleo de Ponterroxal, para entrar por la vera del coqueto albergue privado de Xistral en Paredes a la villa de Castromaior, tras haber caminado un par de horas de sin apenas desayunar, motivo por el cual se impone a la mayor brevedad una parada para reponer fuerzas a la paz de una terraza en la que daba el solecito.


El trazado por las Tierras del Miño, nos va presentando la Galicia profunda, esa por la cual la única industria resulta ser desde tiempos inmemoriales el Camino de Santiago, aunque no quede de ello mucha huella en la memoria de las gentes, pues no en vano tal trazado estuvo olvidado durante el siglo XVIII hasta la el tercer tercio del siglo XX, mucho tiempo mediante el cual la imagen peregrina se ha desvanecido en la memoria de las gentes.

Aunque queda aún ella la presencia de gentes, mendigos y extraños viajeros, tan insólitos como aislados, los cuales cruzaban la región, se supone que en pos de Santiago.

Aunque en ese trasiego no había ni traje talar ni vieira, que es digamos, el testigo de haber llegado a Santiago, la típica vieira era la insignia visible de la visita al apóstol Santiago, la cual cada peregrino llevaba a modo de orgullo en sus ropas o esclavina.



Ahora es al revés se lleva camino de Santiago a modo de significar la condición o el papel de peregrino.

En esas elucubraciones estaba cuando de nuevo tocó levantar el culo y ponerse a caminar, aunque D. Pedro empezaba a quejarse de agotamiento, por tanto, la etapa quedará establecida de apenas 22 km que se desarrolla entre Gontán y Villalba, que aunque se trate de recorrido plano, para nuestro amigo chileno es mucho recorrer, y máxime con el mochilón que lleva.

El problema de las rutas tan cortas, es que luego la tarde noche en tales lugares y en los albergues se hacen largas, y Maki, aprovecha para resarcirse de los tiempos de sequía, y le da al caldo de cebada a base de bien, y con ello también llegan los conflictos y la presencia de los demonios interiores de cada uno lleva en los viajes consigo.


En este caso, la crisis estallará en el mismo Villalba, pero ya se va cocinando a fuego lento, pues la presencia querida del amigo Pedro, distorsiona nuestros ritmos y otras cosas cuestiones… la estoy viendo venir.

De Castromaior, nos vamos camino adelante, enhebrando el trazado con la Nª 634 para ganar el falso alto de Martiñán, cruzando el río Batán, siempre hacia el Oeste, a través de Monte Botelo.

El telón de fondo aquí son las llamada «corredoiras», esos tramos de camino marcados con piedras hincadas de canto, (chantas) que cierran las distintas propiedades, y que se tapizan de un denso manto de musgo y que con la sombra arbórea bajo la que se camina, ofrecen un espectáculo en su conjunto muy mágico y esotérico. Por eso no difícil imagina a los druidas por estas tierras o los herejes priscilianistas, más que a un oriental Santiago…



Otra tirada de unos 8 kilómetros, y llegamos a uno de esos input del Camino a Santiago, a Goiriz, pasando antes por el Campo de Cristo y por delante de la Capilla de Fátima.

Goiriz forma parte de mis primeras referencias gallegas, cuando venía de Valixe ( Cañiza) o cuando viví en Santiago, pues en el viaje de autobús se veían las crucecitas y pináculos del neo-gótico cementerio Goiriz, cuya presencia a todo viajero le llaman la atención.


Fue años más tarde cuando me dediqué al tema funerario, momento en que exploré los cementerios gallegos, y en mis primeras correrías estuvo siempre el cementerio de Goiriz, que como tal, es más monumental por fuera y por dentro. De nuevo al llegar a su altura, mientras mis compañeros se dan al caldo de cebada, me voy con la cámara a visitar de nuevo el cementerio, como tantas otras veces.

La verdad es que merece la pena al llegar a sitios como este, poder contar con una buena cámara, pero tendré que plantearme el recambio, pues es un equipaje suplementario pesado, llevo una vieja Canon, una réflex metálica y es un incordio aunque querido, pero que me afecta al cargar en demasía mi pierna derecha a la altura de la rodilla. Me evado de estas dolencias y me sumerjo en el mundo funerario que ofrece Goiriz.

El nacimiento del cementerio de Goiriz, se sitúa en el siglo XVI en pleno Siglo de Oro, en cuya época se dio el arte abigarrado del cual esta Quintana de los Mortos puede ser su buen expresión.

Las fechas claves del cementerio es la de su creación en el XVI, luego contó con una remodelación en el XVIII, y otra ya en el siglo XX, por lo cual le tocaron esas tres fases que los profes del arte resumirían como renacentista, barroca y racionalista, de cuyo producto nos dicen salen los famosos pináculos, que los entendidos indican que devienen más bien de los gustos propios de los canteros de Predreiras de Rozada, que es de donde procede la cantería de todos estos nichos, pues Goiriz apenas si cuenta con enterramientos en el suelo.


Tal vez los gustos de los canteiros y de las propias gentes que enterraban a sus feudos aquí, lograron esta peculiar simbiosis, que a un mirada atenta salta a la vista, ofreciendo una amplia colección de imágenes y símbolos imbricados en los propios panteones que recorren el perímetro del cementerio, cuyas representaciones no son propios de la cultura cristiana como tal, sino de ese eclecticismo gallego de combinar culturas religiosas como el culto santiaguero y el mistérico priscilianismo, por poner un ejemplo y cuyas representaciones podemos escudriñar en la parte vieja de los enterramientos, en la parte nueva ya el poder del cristianismo secular se ha impuesto uniformando estéticamente el cementerio.


No es algo extraño esa presencia antropomórica proveniente de culturas agrícolas y ganaderas ancladas y enraizadas e en la tierra, y que conlleva que aún veamos escenas de conjuros y limpieza de maldiciones en cuadras y establos, como pude ver en directo en el viaje por el camino Primitivo.

Habiendo visto el cementerio es el momento de volver a recoger la mochila, y ponerse a caminar por la Terra Chá, habiendo dejado atrás el Campo do Cristo y la sucesión de viejos cruceiros que marcan el todo el territorio gallego.

La llegada a Villalba, después de dejar el lugar de As Casa Nova, nos devuelve a la infancia mediante la presencia de viejos artefactos dedicados a los carretiles asfaltados, con la exposición de las «machacadoras» o apisonadoras que tanta estupefacción nos producían en la aldea de Tremañes, cuando se dedicaban primero a conformar la base de escoria proveniente de le metalúrgica fabrica Moreda, y luego las zahorras , para finalmente compactar el riego asfáltico.


Hoy ya desaparecidos tales artefactos, movido en aquellos tiempos por calderas de vapor, hoy ya muy modernizado el proceso, pero Villalba nos devuelve a esos antiguos tiempos.
Un poco más allá la ruta concluye, pues el albergue de la Xunta está a las puertas de Villalba, a más de 1 km de caminata del centro urbano, lo cual ha hecho que el alojamiento esté medio vacío, pues casi todos los peregrinos se han ido en busca de la alberguería urbana de la villa, aunque sea privada, como han hecho los compañeros guatemaltecos, y la grupeta italiana.

Es un carajal, tener que desplazarse hasta el centro de la villa, pues el paseo no es muy bonito ni entretenido, y más cuando uno está agotado como D. Pedro, que tras darnos a la reparación de fuerzas, con una comida a base de arroz y tomates, este se ha dedicado a una larga siesta.


Mientras yo y Maki no vamos de compras y a tomar café a la villa de Villalba, cuya villa tengo vinculada con el franquismo por aquello de ser la tierra de D. Fraga Iribarne, aunque no hay duda de que el poblamiento ha tenido un buen pasado histórico como demuestra la presencia del octogonal Torreón de los Condes de Andrade, que tuvieron que irse de estas tierras debido al segundo levantamiento de los Irmandiños que se dio en el siglo XV contra la nobleza y los señoríos episcopales..luego las operaciones políticas de los llamados Reyes Católicos, resarció con abundancia premios a la nobleza gallega de los Anadrade, los Osorio, los Lemos, o los Troncoso...


Villalba, fue villa culta como capital de la Terra Chá, pues nos dice el Wikipedia que tuvo buenos periodistas y variados periódicos, aunque hoy a la villa de D. Fraga, le encontré poca substancia tal y como refleja este ripio:

Villalba, villa bravía,
Ciento cincuenta tabernas y ninguna librería,
Solo venden silabarios en una confitería,
Que es de don Mariano Sánchez, casado con doña María
.

En el núcleo de Villalba, salta la crisis interna del grupo peregrino, la cual se venía larvando y que tiene como motivo entre otras cuestiones los dineros, pero como se dice en estos casos: « lo que sucede en el camino se queda en el camino».

Pues eso borrón y cuenta nueva. Me vuelvo al albergue tras saludar a la grupeta italiana, Paolo y Paola, Maki volverá cuando lo crea necesario.

Cuando llegué a Albergue D. Pedro aún dormía su larga siesta, pues no en vano por delante tenemos unas intensas etapas, pues aún debemos cruzar toda la Terra Chá.

Víctor Guerra