miércoles, 21 de agosto de 2019

Camino del Norte. Etapa 14: Pedrouzo-Santiago de Compostela


Llegamos al final del trayecto, y eso significa de madre cierta alegría que se respira en el ambiente del propio camino, y como no en los restaurantes donde la gente coge fuerzas para el día siguiente, y ya no digamos en el albergue municipal que ya al medio día estaba, como ahora dicen petao, o sea que es un hervidero de gente y digamos que está hasta la bandera.

El personal de la peregrinatio, experimentados y novatos, preparan sus mochilas a la tarde, pues la mayoría quiere madrugar para llegar a Santiago a buena hora, por tanto es una de esas etapas de frontal o linterna en mano, eso lo quisimos ver de cerca un día, y hubo un año que lo probamos, y la verdad caminar sin saber muy por dónde caminas o a dónde vas, pues como que no.


O sea que en esta ocasión pasamos del tema de la madrugada, y nos dedicamos a disfrutar del entorno y de la familia con niñas pequeñas que nos han tocado como vecinos, los cuales pronto se pusieron en marcha manu militares, primero al baño, luego desayunar y terminar de preparar los equipajes, etc. Están entusiasmados padres e hijas…Santiago ya está al alcance de la mano.


Por nuestra parte cuando nos ponemos en marcha el personal ya nos saca un buen tiento de kilómetros y de tiempo, pero no importa, la idea esta vez la tenemos clara, y consiste en ir a dormir a Santiago, aunque mi idea personal  era  dormir con los Polacos en el Monte de Gozo, lo cual no caló entre el  personal de la troupe, por lo cual el personal  peregrino me insta a buscar un alojamiento en Santiago, y que fuera cerca de la Estación de Autobuses, para tenerla a mano para el dia siguiente.

Maki que el año pasado vino directo desde Arzúa Santiago, para lo cual había cogido una habitación en un hotel, ya aprendió la lección, pagar 70 Euros para quedarse dormido encima de la cama por cansancio, como que no merece la pena.


Puestos ya en esa tesitura y tras desayunar en Pedouzo, cruzamos la arboleda solos, aunque vamos pillando a algunos peregrinos, de los turigrinos, que hasta van hasta sin mochila.

En ese sentido cuando llegamos de otros caminos al Francés se nota que ya estamos en la zona mundana, las señales se hayan cegadas de pegatinas de medio mundo, y las pintadas sobre el patrimonio mobiliario son un quehacer cotidiano.

En este sentido, en otros Caminos escojo un objetivo, la muerte y el Camino, la señalética, etc, y creo que para otras ocasiones podía ser la «muestra del quehacer pictórico de la peña», grafitis, pintadas, etc.


En todo caso una foto de rigor, en la que se denota el cansancio y fatiga de los kilómetros andados es esta expongo donde D. Pedro Guajardo se muestra  con la mochila hasta las trancas.., aún no sé lo que ha ido metiendo en ella. Maki, tiene lo suyo…

Seguimos caminando por tramos de camino y alternancia con tramos de asfalto es la tónica que nos depara dicha etapa en la cual ya las unidades peregrinas más lentas se van dejando coger, pese a los esfuerzos por mantener el paso, aunque los oasis de las capillas para meditar o simplemente para descansar y sellar la credencial son muy bienvenidas.


Al final bajada hacia el centro de Lavacolla, con su peregrino metálico que dobla monedas, y al que nunca metí nada. Habrá que probar un día, mientras pienso en ello saboreo la cerveza en plena soledad, pues Maki va adelantado y D. Pedro se ha quedado regazado.

Debo tener en cuenta que el año pasado aquí, sin darme cuenta me fui por la carretera adelante, y por no dar la vuelta pues fui pisando asfalto un buen rato. Debo de andar atento, aunque es imposible no estarlo pues la barahúnda de turigrinos es un auténtico ejército en movimiento.

Cojo por el camino a la familia con sus hijitas, y también a las peregrinas granadinas en cuya compañía llego  directamente al Monte do Gozo, donde nos dedicamos a las fotos de grupo, tanto las que ellas precisan, y aquellas otras, más personales, para eso arrastro el peso de la Canon EOS 550 durante todo el Camino, pues además de todo el recorrido, este enclave es ideal para observar la idiosincrasia peregrina, que es la tarea a la que me dedico en casi más de una hora que debo esperar por D. Pedro.


Maki, también se quedó atrás probando las San Miguel de la zona. Son las 14,30 horas y van llegando primero Maki y luego  llega D. Pedro, ya todos reunidos le damos un tiento a las vituallas y la bota vino.


Llegamos a Santiago y nos quedamos en albergue de la Estación, grande y espacioso, un poco lejos, pero esa tarde-noche la aprovechamos para preparar nuestras cosas para el día siguiente, pues Maki y Victor se van a media tarde para Luego, donde Victor tiene su coche y de ahí se van para Asturias. D. Pedro no tiene decidido que hacer, si continuar como un carrilano más por los Caminos de Santiago, a saber por cuál. De momento se queda en Santiago unos días, nosotros le hemos ayudado en lo que hemos podido alimentándole y dándole alguna ayuda para el diario. Ahora le toca ser independiente.



Además al dia siguiente nos llega desde Asturias un nuevo teléfono para D. pedro, pues el suyo se murió de viejo y Marta nos envía uno de los míos, que yo tenía para trabajar, y eso nos retrasa el poder movernos en Santiago, además hace frío y opto por acercarme a Decathlon a por un forro polar para pasar el trago, pues además yo regresaré andando, no desde Santiago, sino donde la plebe peregrina  ya tenga menos presencia, y ese localidad puede ser Palas de Rey.


Pues nada nos quedamos en el albergue y damos cuenta de nuestras vituallas, para bajar por la mañana temprano hasta Santiago, y se me hace extraño hacerlo sin mochila, y lo primero nada más entrar en la zona vieja irme a la churrería de Metate, como casi siempre, aunque las mozas sigan sin entender la ironía astur.


Luego patear las ruas compostelanas que cada día van cediendo al empuje de las tiendas de souvenir que ya son un plaga, hoy encontrar una de las viejas platerías compostelanas para comprar unos buenos pendientes de azabache y plata ya cuesta de madre, ahora se impone el esmalte. Pero bueno nos pateamos con calma las rúas camino de local donde nos dan la  Compostelana y el certificado de Caminería, apenas si digo nada y me kufi debe inferirles a los tomantes de datos cierto respeto, y me lo entregan el acto todo sin apenas hacerme preguntas, a Maki, les toca un “hueso” y les interroga sobre los temas religiosos que han aducido, intervengo, pongo paz, y se sellan los papeles sin más.


Ahora toca ir a la Catedral, pero resultan que están quitando los andamios del Pórtico de la Gloria, y en poder entrar a la catedral, nanay del Paraguay, bordones fuera, navajas ídem, y tanto es así que dada además la cola de peregrino y turigrinos y visitantes, nos damos la vuelta y nos vamos sin decirle nada al Santo, aunque quien quería decirle algo, ya se lo ha dicho por el camino, Maki además está enfadado con el Santo, pues no le han devuelto su preciado bordón, y D. Pedro y yo como buenos agnósticos, nos damos como bien pagados con llegar a Santiago, y yo de rezos  en mis tiempos de monje ya tuve bastantes.




Como no hemos apurado el día de ayer, parte de aquellos con los que hemos ido coincidiendo ya se han ido esta mañana, y tan solo encontramos a Paolo, y  las enfermeras granadinas, ya nadie más.

O sea que nos tenemos que conformar con nosotros tres solos, aunque es un poco la tónica general, nuestra forma de caminar nos hace que nos asociemos a grupos, también es la fecha, Mayo-Junio, hace que viajemos con muchos extranjeros, al dominar las lenguas, pues nos  hace perder compañeros, y como además caminamos a otras horas y sin prisas, pues cuando llegamos a Santiago , en esta ocasión el sexto Camino que hago con Maki, previamente ya había hecho unos cuantos yo solo, pues en general, pues eso que lo celebramos juntos, y sin muchas algarabías pues no somos de mucha brincadera, ser un poco de asperger, es lo que nos hace también un poco extraños.


Cerramos pues el ciclo compostelano  con unas compras, una comida en la zona de San Lázaro y cada cual a su autobús, pues unos regresan motorizados y otros volvemos andando, y D. Pedro que se queda, y del cual nos despedimos con tristeza, pero sabiendo que lo veremos dentro de unos días por Asturias.

Y así concluimos el Camino del Norte del 2018.

Víctor Guerra